NUESTRAS RELACIONES CON EL GIGANTE ASIÁTICO
Por Manuel Jesús Orbegozo. Periodista
El 2 de noviembre de 1971, o sea hace 27 años y 23 días, el Perú y China establecieron oficialmente relaciones diplomáticas en Ottawa, Canadá.
En Lima ya se había afincado el señor Wang Yeng-Chang, un diplomático que venía a arreglar todos los problemas relacionados con el establecimiento de su embajada en Lima. Le tocó celebrar, el 1 de octubre, el Día de la Independencia, para lo cual contrató el salón principal de un hotel de la avenida Arequipa, donde reunió a un grupo de diplomáticos peruanos y a no más de 20 personas para celebrar el aniversario con suma sencillez, resaltando unas esculturas de hielo.
En febrero del año siguiente llegó a Lima el primer embajador chino, Chiao Jo-Yu, uno de los más brillantes políticos chinos que ha arribado a Lima en el sentido de la ponderación, la calidad humana y el sentimiento de confraternidad que consolidó y aceleró entre nosotros.
En mi condición de uno de los primeros periodistas peruanos que viajó a China cuando todavía la Guerra Fría no daba señas de descongelamiento, cooperé a que las relaciones peruano-chinas empezaran a incrementarse. Con un grupo de amigos como Alfonso Barrantes Lingán, Carlos Malpica, Manuel Chambi, Emilio Choy, Álvaro Villavicencio, y más, formamos el Instituto Cultural Peruano-Chino (Icupech).
En Beijing, el 1 de mayo de 1971, los invitados a la tribuna de honor en la Plaza de Tiananmen saludamos al presidente Mao Tse-Tung, en una de sus últimas presentaciones públicas Al día siguiente entrevisté al primer ministro Chou En-Lai. Como la entrevista no fue agotada, me invitó para seguir conversando al día siguiente.
En El Comercio publiqué la entrevista con el título de "Las cien preguntas de Chou En-Lai", porque nunca como entonces el entrevistado resultó siendo el entrevistador. Tanto le interesaba el Perú y América que las cuatro horas que conversamos solo estuvieron referidas a nuestros problemas y no a los suyos.
Increíble para mí considerar que lo que pasó ayer esté repitiéndose 27 años después: el presidente de la República Popular China, Hu Jintao, ha venido a Lima de forma excepcional a estrechar aun más los lazos de amistad que empezaron en 1971, cuando ni China ni el Perú soñaban ser lo que son ahora.
Personalmente nunca imaginé que quienes empezaron con tanta honestidad y nada de brillo ostenten ahora la misma honestidad, pero un brillo impresionante.
El presidente Hu ha actuado en Lima como si fuera un peruano que regresa al país después de 27 años de ausencia.