Explosiones de granadas, tiroteos, asaltos a hoteles de lujo (Taj Mahal y Oberoi), ataques a estaciones de trenes, toma de rehenes, al menos 101 muertos y 287 heridos --cifras que podían crecer al cierre de esta edición-- marcaron la sangrienta jornada de ayer en Bombay, el corazón financiero de la India.
Los atentados coordinados fueron reivindicados por un grupo islamita poco conocido: los Muyahidines de Decán, que a través de correos electrónicos asumieron la responsabilidad de los sangrientos hechos. Dos terroristas fueron abatidos; sin embargo, durante el ataque al hotel Taj Mahal también falleció el jefe de la brigada antiterrorista de Bombay, Hemant Karkare. Ocho policías murieron en otros enfrentamientos.
La comunidad internacional condenó los atentados. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, calificó de inaceptables los crímenes y la Casa Blanca ofreció su ayuda al Gobierno de la India para investigar el caso.
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