Por Guillermo Oshiro
Era el tercer zurdo de oro del tenis español, el chico de perfil bajo al que ni posar desnudo para la revista británica "Cosmopolitan" --a favor de una campaña contra el cáncer de próstata y testicular-- le había elevado la popularidad. Pese a no ser un NN, Verdasco había vivido oculto bajo la sombra inmensa de la raqueta de Nadal y la imagen vendedora de su compañero del dobles y efímero actor de TV Feliciano López, solo por nombrar a los 'chicos de izquierda' de la 'Armada'. Era el comodín guardado. Era. Todo en tiempo pasado. El ahora de Fernando es un mundo de fantasía. Y todo por un dulce noviembre.
Noviembre del 2008 será el mes que le cambió la vida a Verdasco. El 12, en una verdadera declaración de amor, la tenista serbia Ana Ivanovic, para los ojos masculinos la más linda del circuito WTA, oficializó su noviazgo con el español mediante una entrevista en la "Gazzetta dello Sport". Mejor halago para su faceta de conquistador, imposible. El 15, los 25 le tocaron la puerta en su mejor momento tenístico, incluso las voces críticas lo colocaron por encima de las preferencias para jugar uno de los singles en la final de la Copa Davis. El 22, en pareja con Feliciano le daba a España el 2-1 en Mar del Plata. El 23, la consagración absoluta llegó tras la lesión de Ferrer. La histórica oportunidad era suya. El "me va a quedar una cosilla adentro si no juego en la final" era pasado. El sueño del niño estaba al alcance de su raqueta. Y no falló. Después de casi cuatro horas y los parciales 6-3, 6-7, 4-6, 6-3, 6-1 aseguró la tercera Ensaladera de Plata para su país.
Hoy toda España habla de ese chico que ganó sus primeros puntos en el ránking ATP con solo 15 años, que fue entrenado en sus inicios por el padre de Feliciano y que a los 2 ya agarraba la raqueta. "Cuando era un niño, en lugar de ver dibujos animados prefería ver los partidos de McEnroe y de Lendl", contó su padre José aunque Agassi siempre fue el ídolo de Fer, incluso la primera versión de Verdasco en el mundo del tenis profesional lo dejaba ver con el pelo largo y con tintes rubios.
Más allá de su nueva condición de héroe, habría que recordar que antes de la final en Mar del Plata ya era un jugador completo, que manejaba todos los golpes con mucha solidez y que era uno de los más difíciles de vencer en canchas lentas. Además de una derecha envidiable, su gran virtud era saber adaptarse rápidamente a cualquier superficie, así como saber jugar bien en singles y en dobles. El 16 del mundo ya tenía chapa de estrella. Solo le faltaba un poco de suerte.
Y llegó noviembre con el "Verdasco me hace feliz" de Ivanovic. Los 46 millones de españoles sienten lo mismo que la serbia. Seguro.