PUNTO DE VISTA
Por Carlos Heeren. Economista*
Dos noticias que parecieron sacadas de dos realidades distintas coincidieron en las últimas semanas. Por un lado, el INEI informó que el crecimiento del PBI en setiembre fue cercano al 10%. De otro, la última encuesta nacional de Ipsos Apoyo mostraba que el 70% de la población considera que la actual crisis financiera internacional sí afectará el bolsillo del consumidor peruano; y el 51%, que afectará mucho el consumo de su familia, por lo que se reducirá con ello todo tipo de gastos. En la misma línea, de un lado se oye a las principales autoridades del Gobierno --que cumplen con su rol-- hablando de blindaje y desacoplamiento, así como de la capacidad de actuar en caso de necesidad. Entre los empresarios, por otro, las palabras 'responsable', 'prudente' y 'cauto' son mencionadas cada vez con más frecuencia.
Si algo caracterizará los próximos meses es la incertidumbre. No es claro aún el nivel de daño de las principales economías del mundo ni su impacto final sobre la demanda (y, con ello, sobre los precios), ni para los bienes finales que constituyen nuestros ingresos ni para los insumos que definen parte de nuestros costos. Frente a este escenario, frenar y "mirar y esperar" no parecen ser necesariamente la receta.
A diferencia de 1998, en esta ocasión las empresas vienen de años buenos y con niveles de endeudamiento menores. Por otro lado, los bancos --pese al incremento de las tasas de interés y a una mayor rigurosidad en las colocaciones-- pueden seguir acompañando a sus clientes.
En este escenario, es razonable que cualquier cesión en el mercado sea aprovechada por un competidor y esta costará algunos puntos de participación. Asumir que todo sigue igual tampoco parece muy sensato. El dinamismo de los últimos dos años no se va a repetir. En ese sentido, apostar por crecimientos acelerados puede destruir valor, rápidamente, para los accionistas.
Pareciera que hay que apostar por un crecimiento más modesto pero estar listos para aprovechar oportunidades importantes, con un ojo en la caja y el otro en los espacios que otros pueden dejar, ya sea porque prefirieron esperar o porque se quedaron sin liquidez para continuar. Tanto localmente como en el exterior. Esto obliga a contar con el equipo de personas necesario para un rápido cambio de ritmo y el pronto acceso a liquidez propia y ajena. Las crisis siempre reconfiguran las participaciones relativas en los mercados y, en esta ocasión, no debe de ser distinto. El problema es la espera. La tormenta mundial nos va a regalar al menos una buena lluvia, según las encuestas. Si la ansiedad lo agobia, tal vez el sector construcción puede ser un buen pluviómetro. En los últimos dos años ha mostrado tasas de crecimiento mayores a 16%, y este refleja bien la inversión y el estado de ánimo de empresarios y consumidores. Durante los próximos meses, paseos periódicos al depósito de materiales o a la tienda de mejoramiento del hogar más cercanos para preguntar cómo van las ventas pueden resultar terapéuticos.
*APOYO CONSULTORÍA S.A.