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No se puede cometer el mismo error por segunda vez

Por Juan Zegarra

Qué fea señal emite el Gobierno con la designación de la congresista aprista Nidia Vílchez en el Ministerio de Vivienda. Si bien en el Apra no abundan los cuadros que puedan asumir tareas ministeriales, lo cierto es que al escoger a la versión sectaria y exaltada que indudablemente representa la parlamentaria está variando el estilo de los últimos dos años y cuatro meses.

No soy partidario de refrendar esa trillada frase de que para ceñirse el fajín ministerial es mejor un técnico a un militante. Pero en el caso de Vílchez sí que salta el temor de la politización y copamiento en el aparato estatal.

Hay que recordar que este portafolio desarrolla quizá el más emblemático de los proyectos sociales del Gobierno que es Agua para Todos. El programa es una ambiciosa apuesta por generar obras de saneamiento a favor de los más pobres y, por ende, de alto valor social. De hecho, para acelerarlo se tuvo que emitir una ley congresal para evadir algunas exigencias técnicas, y tras tropiezos iniciales durante la gestión de Hernán Garrido Lecca, ahora ya muestra ciertos resultados y ha ganado ritmo en la ejecución de obras.

Sin embargo, en esta etapa de cosecha, en que la nueva ministra aparecerá en la foto de diversas inauguraciones, queda la legítima interrogante de que, de pronto, el Apra pretenda hacer un abuso político de esta labor y para ello ponen a una militante no solo disciplinada, sino también con fe ciega en el partido. No nos sorprendamos de que en sus planes figure reclutar al controvertido Carlos Arana, y que llegue al extremo de tomar como consultor al expulsado Agustín Mantilla.

Frente a la enorme desconfianza que genera la presencia de Vílchez en este portafolio, el Gobierno --y no solo la ministra-- ponen en juego la ganada imagen de haber dejado atrás la tara del copamiento aprista.

En cuanto al traslado del también aprista Enrique Cornejo al Ministerio de Transportes y Comunicaciones, le queda por delante el reto de concretar una cartera de 26 proyectos de infraestructura que signifiquen una real habilitación del país, así como la definición --si se atreve, claro-- de la concesión de los muelles norte y centro del Callao.

En torno a la saliente ministra Verónica Zavala, vale decir que tuvo unas de cal y otras de arena en estos más de dos años en el cargo. Avanzó muy bien con la construcción y rehabilitación de carreteras (ella dice que sumó 1.816 kilómetros), aunque su gestión quedó mermada con los nulos resultados del plan Tolerancia Cero, un proyecto inviable mientras no haya un cambio de cultura de empresarios de transportes, choferes y usuarios.

En suma, no nos oponemos a que el Apra sume un ministro aprista en el Gabinete. Finalmente es el partido que ganó las elecciones y la democracia subsiste sobre la base de los partidos políticos. Sin embargo, una especie de notificación pública al presidente Alan García, que ya piensa en un tercer mandato en el 2016, es que así como le costó superar la imagen de estatista de su primer gobierno, había borrado de algún modo de nuestra memoria el nefasto uso del carnet partidario para acceder a la administración pública que sin lugar a dudas ocurrió entre 1985-1990. Que la presencia de Vílchez en un ministerio no reviva la triste historia pasada y que el mismo error no se cometa por segunda vez.

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