LA SEMANA QUE PASÓ
Por Pedro Ortiz Bisso
De lo mucho que se ha escuchado y leído en estos días sobre la situación de nuestro fútbol hay solo dos verdades indiscutidas: para que un equipo peruano vuelva a jugar en el ámbito internacional, la actual junta directiva de la Federación Peruana de Fútbol debe ser reconocida por el Gobierno. La otra, para pesar de la mayoría, es que Manuel Burga no tiene el más mínimo deseo de alejarse de la Videna antes del 2010.
Estos momentos de zozobra, advertidos en este rincón y por algunos pocos que no cayeron en el facilismo demagógico de querer tumbarse a la mala a la federación, se habrían podido evitar si se hubiera hecho un trabajo político adecuado entre las bases, además de hacer los ajustes necesarios a la ley del deporte. Cuando hablamos de trabajo político no nos referimos a alguna forma de intervencionismo estatal, sino a tratar de ganar la confianza y el voto de los dirigentes de las ligas departamentales. Lamentablemente, los propios clubes profesionales están divididos y en los años que lleva Burga en el poder no han podido consolidar una candidatura que se le enfrente con posibilidades y que lleve consigo un plan de trabajo con objetivos claros a futuro.
¿Burga debe dejar la federación? Por supuesto, pero es suicida tratar de sacarlo pateando el tablero. El Perú se comprometió hace muchos años libremente a aceptar las reglas de la FIFA y si le parece que algunas de ellas colisionan con sus normas, es libre también de no aceptarlas. Pero si quiere seguir participando en la Copa Libertadores o en las Eliminatorias Mundialistas no tiene margen de maniobra. ¿Es injusto, inmoral, inadecuado, abusivo, chantajista? Póngale los adjetivos que quiera. El mango de la sartén lo tienen ellos.
¿Qué hacer? Sentarse a la mesa con Burga e insistir en la posibilidad de que su retiro se produzca antes del 2010. Sin embargo, lo más importante es establecer una serie de acciones de cumplimiento obligatorio para fortalecer a los clubes (¿por qué no elaborar un proyecto de ley que permita el refinanciamiento de las deudas tributarias y previsionales a los clubes que deseen convertirse en sociedades anónimas?) y organizar un sistema de trabajo a largo plazo en las divisiones menores. Con Burga o sin Burga el fútbol peruano debe de cambiar. De lo contrario se morirá solito, con suspensión o sin ella.