Por Karina Borrero
Tienes una carga romántica en tus textos, de esos cortavenas... ¿De dónde sale la inspiración?
Yo siempre digo que no soy escritora, sino que soy, por sobre todas las cosas, una lectora amante de las notas rosas a la que le gusta escribir sobre lo que aprecio leer. De ahí lo de las novelas románticas que me salen muy al natural.
¿Eres de las que aman las telenovelas y viven con ellas?
¡Claro! Soy renovelera y las peruanas me gustan mucho; no me perdía "Luz María". La primera historia rosa que vi fue "Cenicienta". Hasta el día de hoy la amo. Claro que las miras de chiquita y no registras que en realidad eres una novelera.
Pero siempre hay quienes se resisten a aceptarlo y hasta las vapulean...
Tienes razón. Y la gente no se da cuenta de que de diez libros que lee, al menos ocho tienen una historia de amor, porque eso es intrínseco en el ser humano. Todos buscamos el amor, tal vez formar familia, buscar una pareja, y el amor es muy nuestro: es bello y es difícil. Claro, hay libros que no tienen la trama romántica y gente a la que no le gusta. Hay quienes prefieren mencionar a esos autores complicados de leer, a los que no se les entiende nada. Yo he escuchado decir que las novelas son para las 'amas de casa', y eso me parece estúpido, me enferma, porque el amor es el eje de la vida, y negarlo es ridículo. Además, ¿cuál es el problema de ser ama de casa?
Lo defiendes de la manera más visceral...
Es que el género de la novela romántica ha subsistido a los embates de quienes pusieron de moda las corrientes que se reían del héroe y de la princesa y decían que el amor no servía para nada, que Dios no existe y que nos vamos a morir ... Entonces, así no eres nada, para qué vives entonces si no vas a tener sentimientos. Por eso a mí no me gusta sentirme parte de una élite de escritores ni nada, prefiero ser una lectora que escribe.
¿Leías a Corín Tellado?
No tanto. Pero la admiro porque escribió en la época en la que leerla era pecado mortal y tenías que ir a confesarte. Y lo hizo; mira qué coraje.
Tengo entendido que la profesión que estudiaste no tenía nada que ver con las letras...
Sí, es verdad. De hecho de profesión soy contadora pública. Trabajé muchos años en ello hasta que descubrí, o más bien me di cuenta, que para mí la literatura era una pasión, primero al leerla y luego escribirla.
Y si siempre te gustó, ¿por qué elegiste una carrera de números?
Esa es una pregunta muy válida (ríe). Es que cuando terminé la secundaria --que es una edad muy complicada para elegir qué vas a hacer por el resto de tu vida-- yo quería hacer algo que tuviera relación con letras, pero lo único que avizoraba era la docencia y lo otro eran las matemáticas. Pensé que por ahí me iría mejor. Uno a esa edad no debe elegir (ríe).
Pero siempre hay tiempo para resarcirse, ¿no?
Claro, entonces después de mucho tiempo trabajando como contadora, a los 27 años comencé a escribir mientras todavía trabajaba. Y luego le dije a mi marido que iba a dejar mi empleo porque quería dedicarme a terminar mi primera novela. Y solo pude hacerlo porque mi esposo me apoyaba moral y económicamente. ¿Si no cómo se pagaban las cuentas?
Lo dejaste todo. ¿Qué dijeron tus amigos?
Es que no le dije nada a nadie, solo lo sabían mi esposo y mi hermana. Cómo le dices a tu familia: 'voy a dejar todo para escribir', si me estaba tirando a la piscina sin saber si había agua. El día en que se publicó mi libro llamé a mis padres y les dije 'tienen que ir a la librería porque me han publicado'.
¿Y qué tal te fue con ese libro?
Fue un poco difícil, porque mis libros no se vendían. Yo no era conocida, ni venía de familia de escritores. Entonces me tocó regresar a trabajar como contadora independiente, mientras seguía escribiendo. Pero mi segunda publicación fue un 'boom' de ventas y dejé la contaduría. Y, la verdad, espero no tener la necesidad de volver a hacerlo.
¿Cómo fue eso de buscar una editorial que te publique si no eras conocida?
Me acuerdo que cuando terminé de escribir mi primera novela comencé a buscar en las Páginas Amarillas a ver quién lo podía publicar. Y así encontré alguien que lo hizo, claro, después de algún tiempo. Y es que cuando uno tiene una pasión fuerte, las cosas se logran y no te para nadie.
¿Eres de las que te involucras con tus historias?
Sí. Y ya te imaginas lo que deben pensar los que me ven cuando las releo y me emociono tanto: 'ella lo escribe y las llora' (ríe). Pero lo más lindo es cuando mis lectoras me cuentan que se emocionaron con mis historias camino al trabajo en un bus. Creo que lo mejor que me ha dado la literatura son mis lectoras.