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A PROPÓSITO DEL PROYECTO DE LEY SOBRE LAS FUENTES PERIODÍSTICAS

El periodismo, la política y la ética

Por ErnestoVelit Granda. Internacionalista

Recientes acontecimientos relacionados con la prensa en general parecieran haber puesto en tela de juicio los verdaderos alcances de lo que es la libertad de expresión y el derecho a la información fidedigna.

Si el periodismo está llamado, entre otros, a estimular el debate al interior de la sociedad, y con ello fortalecer la democracia, debemos entender que por ese camino, también, se permite que surjan nuevos espacios, nuevos valores y nuevas éticas que deben protegerse y alentar.

Así como política y ética no se deben desvincular, tampoco lo pueden hacer periodismo y ética.

Políticos y periodistas deben ser fuente de valores morales y sociales para que contribuyan a que la relación entre gobernantes y gobernados no sea un simple ritual ideológico, sino que ayude a consolidar lo ganado, a reconocer nuevos agentes y, en suma, a construir país. Y esto, particularmente, cuando se habla de la forma de relación entre las personas, del mundo de sus creencias, de sus lealtades, etc.

Necesitamos dotarnos de una política y un periodismo que, en su composición cultural, sean más creativos y nos ayuden a superar tantas paradojas de esta democracia precaria a la que debemos fortalecer desde una perspectiva humana, sin violencia ni pragmatismo, sino en el compromiso de dignificar la vida de hombres y mujeres en el Perú.

Nunca será inútil debatir las ideas si queremos comprender al mundo y transformarlo. Los medios de comunicación contribuyen a aumentar el ámbito de la libertad individual y colectiva, defienden el conocimiento y ayudan a la vigencia de los derechos humanos. En esa tarea, cuando se ejerce con honestidad, se da sentido moral y ético al desarrollo de la comunidad humana y se rescata el valor de la solidaridad.

Cuando Alvin Toffler habla de la "sociedad del conocimiento", está desafiando al periodismo en general a ser el verdadero vertebrador de nuestra vida civil y a enseñarnos a responder por la consecuencia de nuestras acciones.

Edgar Morin nos invita a reconocer la existencia de una ecología política que actúa al interior de los fenómenos sociales, culturales, económicos y religiosos, así como la toma de conciencia de sus riesgos. Es en el ejercicio de la ética política y periodística que aprendemos que la socialización es un método democrático, que facilita la igualdad de oportunidades y que empuja a las élites a descubrir sus jerarquías sociales y políticas.

Gobernar las sociedades no es tarea fácil, sobre todo cuando se convive con una clase política dominada por la monocultura y que no tiene más horizonte que la acumulación de poder. Y, por si fuera poco, se anuncia que el Congreso de la República estaría en vísperas de debatir un proyecto de ley del Ejecutivo que bien podría calificarse como una suerte de ley de la mordaza en su versión siglo XXI.

Esta es una forma de provocación que pareciera querer enfrentar lo político con lo tribal, a la manera de un choque entre culturas diferentes. Es preciso convocar a la opinión del país porque a estos vejámenes solo se los encara con criterio de combate político.

Creo que pocas veces la prensa nacional se enfrentó a responsabilidades más dramáticas como ahora. Sobre todo cuando vemos el peligro que corren los valores éticos y morales que deben normar el ejercicio de la política.

Entre nosotros hace tiempo que el lenguaje en la política se contaminó de oscuridad.

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