TORNEO CLAUSURA
Por Mario Fernández
Sullana. Iba a ser de Ripley. Si la San Martín se titulaba ayer campeón del Clausura en esta calurosa ciudad, solo una docena de hinchas (entre dirigentes y amistades) iban a gritar en vivo y directo y, a todo pulmón, la conquista máxima del campeonato peruano. No era, evidentemente, un marco apropiado para esta excelente institución que este año ha mostrado una regularidad digna de un gran campeón.
Y costó mucho ganarle por 2-1 al Alianza Atlético. Costó porque el local atraviesa por un buen momento y tiene en Rivera al mejor arquero del campeonato. Y costó porque debió levantarse de una desventaja temprana y debió apelar a lo mejor de su repertorio en un segundo tiempo grandioso. El gol de Huamán, que fue el 1-1, es una lección de juego en conjunto, una clase de la San Martin sobre cómo empezar la jugada por la izquierda y rematarla por derecha. El 2-1 de Hinostroza no fue tan estético, fue --digamos-- al guerrazo, pero también pintó las mañas de un equipo parejo, con recursos para dar vuelta partidos con juego y coraje.
Tras el partido esa barra pequeña de la San Martín rezaba para que Minero le empatara a Cristal y el título fuera blanco de una vez. Pero no. Cristal se salió con la suya en Matucana y la comitiva del puntero (el presidente Raúl Bao, el vicepresidente Daniel Valega, el delegado Daniel López, el gerente Álvaro Barco y ocho integrantes más) postergó el festejo.
El suspenso sigue y todavía no hay campeón, pero la San Martín va a paso firme. De esto que no quepa la menor duda.