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EL ACUERDO NACIONAL Y EL FUTURO DEL PAÍS

La hora de la acción

Por Javier Arias-Stella. Ex canciller

Todos los peruanos debemos sentirnos satisfechos de la forma como el Perú ha llevado adelante la reunión del APEC. Cuando no se debe tener mezquindad en reconocer que el Gobierno y su presidente se han comportado a la altura del desafío que tenían por delante, es la hora de que nos preguntemos: ¿Y ahora qué? Se ha actuado bien, la organización no tuvo fallas significativas; y si hay razones para que algunos juzguen la posición del primer mandatario de excesivamente optimista, creo que era y es su deber dar un mensaje de aliento y fundada esperanza en los momentos críticos que atraviesa el mundo en este difícil comienzo del nuevo milenio.

Al margen de estas circuns-tanciales opiniones, ha llegado el momento en el que todos los sectores políticos, organizaciones cívicas y fuerzas vivas del país tomemos conciencia del valor que significa haber logrado desde el 2002 el llamado Acuerdo Nacional (AN).

Se consiguió, por primera vez en la historia de la República, que todos los partidos concurran para definir políticas de Estado, no para resolver los problemas de la coyuntura diaria, sino para trazar las grandes vías de acción a mediano y largo plazo; lo que significa, esencialmente, el haber tomado la decisión de hacer las cosas bien en el Perú.

El AN no es, simplemente, una hoja de ruta. Es un documento-compromiso signado por todos los partidos políticos, con definidos perfiles de acción, en armonía con el interés nacional. Parece casi increíble que experimentados políticos no lleguen a entender que se trata de uno de los más importantes hitos en nuestra historia y que significa el más serio intento colectivo para dejar atrás las taras de la República tan bien definidas por González Prada: la ignorancia, la improvisación y la corrupción.

El AN debe pasar de la etapa de sucesivas declaraciones de reafirmación de objetivos y de evaluación de los 'avances' o de la 'situación real' de cada una de las metas perseguidas, a una fase en la que se tome la decisión política de ejecutar acciones concretas para romper la aparente inercia.

Se está discutiendo el presupuesto. Tomemos uno de los temas más importantes: el de educación. Qué dice el AN, de manera definida: "12a. política de Estado... inc. i) garantizará recursos para la reforma educativa otorgando un incremento mínimo anual en el presupuesto del sector educación equivalente al 0,25% del PBI hasta que este alcance un monto global equivalente al 6% del PBI".

Dejemos atrás los juegos de cifras y especulaciones. Que una comisión de calificados representantes estudie y defina el monto necesario para cumplir esta meta. Adjudiquemos esa cantidad al sector y luego continuemos con la discusión del presupuesto. Se habrá dado el primer paso y así lograremos pasar del discurso a la acción.

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