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ENTREVISTA A CÉSAR AIRA

Elogio de la brevedad

LÚCIDO, ORIGINAL, IRÓNICO, DESCREÍDO, IMPREVISIBLE... MUCHOS SON LOS ADJETIVOS PARA DEFINIR EL ESTILO DEL ESCRITOR ARGENTINO INVITADO A LA FERIA RICARDO PALMA, INCONFUNDIBLE ES EL MÁS EXACTO

Por Enrique Planas

No es un autor de 'best sellers'. Pero la enorme minoría que lee a César Aira grita muy fuerte sus virtudes: un ejemplo de libertad creativa, de invención, de provocación. Virtudes que el escritor confiesa haber aprendido del mundo de lecturas reivindicadas por el surrealismo: la literatura gótica inglesa, los románticos alemanes, todo el género fantástico y la obra del conde de Lautréamont, su confeso gran modelo. Será por ello que los lectores de este escritor argentino, de 59 años, aumentan geométricamente, al igual que las ediciones de sus libros, breves y contundentes.

¿Cuál puede ser la razón de este entusiasmo lector? Quizá muchos lectores se han aburrido ya de la manera tradicional de contar historias. "Hay muchos escritores que escriben como marcando el paso, siguiendo la corriente convencional, que no aporta nada nuevo", reflexiona Aira, quien recientemente presentó en la feria del libro Ricardo Palma su transgresora novela "Cómo me hice monja" (editorial Estruendomudo). "Tengo la impresión de que muchas de estas novelas van directamente al libro publicado sin haber pasado por una experiencia vital, creativa. Solo publican para legitimarse socialmente como escritores. Escribir en su sentido más profundo es una decisión de vida. No tiene que ver con sacar un librito todos los años", sentencia.

La crítica le ha endilgado el dudoso calificativo de "autor de metaficciones". ¿Qué opina?
Eso nunca me gustó, y trato de evitarlo lo más posible. Es como mezclarse en un círculo vicioso, una novela que cuenta una novela. Más bien hay que hacer lo contrario. Aunque es cierto que al haber vivido entre libros, la cosa siempre queda allí...

¿Qué debe tener una historia para que le entusiasme escribirla?
Lo inesperado. Yo voy improvisando en la medida en que voy escribiendo. La idea inicial, el chispazo, el estímulo, puede ser cualquier cosa. Si eso tiene la posibilidad de abrirse en cualquier dirección, y me sorprende a mí mismo, me estimula.

Ha señalado que la novela es una herramienta para operar sobre la realidad. ¿Qué quiere decir con ello?
No hay que fiarse de las frases que decimos los escritores. Las decimos porque suenan bien. Y esa suena especialmente profunda. En todo caso, yo siempre puse por encima de todo la invención. Cuando no hay invención, el interés del lector decae.

Decía, cínicamente, que no escribía cuentos porque estos "dependen demasiado de la calidad"...
El cuento está demasiado cerca del concurso de cuentos, mientras que la novela es más relajada. La novela es como somos en la vida real: por momentos somos inteligentes, después somos medio tontos. Un día cometemos una infamia y poco después una obra de bien. Siempre vamos cambiando. En cambio, el cuento es como un joven en una entrevista de trabajo. Tiene que ser perfecto en todo momento porque de eso depende su futuro. Esa tensión de la realidad en el cuento me rebela.

¿Una novela puede permitirse ser imperfecta?
Sí, una novela puede permitirse altibajos, decaer, tener momentos muertos, porque después se reivindica. Mis novelas, que se fueron haciendo cada vez más pequeñas y llegaron a tener 20 páginas, podían alcanzar el tamaño de un cuento, pero sin renunciar a esas imperfecciones.

Ha dicho también que los personajes de una novela son "un mal necesario"...
Sí, para mí los personajes son como muñequitos que sirven a la historia. A mí lo que me interesa es el relato, lo que está pasando. No sé si los lectores realmente se interesan tanto en el personaje. Me gusta lo que decía Walter Benjamin cuando hablaba del narrador primitivo, aquel que simplemente cuenta, que sigue adelante sin detenerse a buscar las causas y efectos psicológicos.

¿Por qué es enemigo de las recopilaciones de sus obras?
Cuando escribo una de mis novelitas, siempre las pienso como un libro, como historias autónomas. Me da la impresión de que recopilando dos o tres, como lo han hecho algunos editores insistentes, se crea un diálogo entre ellas que no me gusta. Cada novela que hago es una experiencia única.

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