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LOS COLORADOS HAN GANADO LIBERTADORES, INTERCONTINENTAL, RECOPA Y SUDAMERICANA

A la altura de los recuerdos

En los últimos años, el Inter de Porto Alegre ha conseguido los títulos que le faltaban para reconciliarse con su pasado

Por Jorge Barraza. Periodista

El Inter de Falcao (también de Porto Alegre), el más exquisito y ofensivo centrocampista de la historia del fútbol, "e campeao". La enorme nación colorada está feliz, su club ha recuperado el esplendor de los '70, cuando arrasaba en los campeonatos gaúchos y brasileiros con el fabuloso Manga en el arco, Elías Figueroa despertando admiración en la zaga, Falcao dictando cátedra en el medio y Valdomiro y Claudiomiro metiendo pánico en ataque. A fines de la década se irían acoplando Mauro Galvao, Batista, Jair Gonçalvez, Mario Sergio. En tiempo flacos también surgirían nombres históricos como Dunga y Taffarel. Y más contemporáneamente daría a luz a Rafael Sobis y Alexandre Pato.

La esquiva gloria internacional de entonces llegó en estos tiempos. Y en apenas dos años O clube do povo enhebró la Libertadores, el Mundial en Tokio, la Recopa y esta Sudamericana de final dramática y atractiva. "Nadie es más INTERNACIONAL", tituló el Diário Gaúcho, en referencia a la seguidilla de conquistas en ese campo.

El Beira Río (seguro candidato a hospedar el Mundial 2014) lució rebosante y orgulloso como si sobre el césped corrieran Falcao y Figueroa. Los más modestos Nilmar y D'Alessandro alegraron de todos modos a la feligresía. Pero si los nombres no se comparan con los de aquellos próceres inalcanzables, la final sí estuvo a la altura de los recuerdos. Inter y Estudiantes justificaron toda la Copa Sudamericana en una sola noche. La prestigiaron. Hicieron honor al fútbol brasileño y argentino.

El Flaco Angeleri, ese alto y pelilargo de vincha que hizo de la banda derecha una autopista, fue el símbolo de la final. Corrió ciento veintipico de minutos sin parar, a velocidad, jugando, salvando su arco, creando peligro enfrente, poniendo la pierna templada. A veces parecía que quedaba trabado, extenuado y sin aliento, pero inmediatamente después recobraba el aire y arremetía de nuevo. ¡Qué corazón...! Angeleri tenía un pie en el Atlético de Madrid antes de la final. Si la vieron en España, ya tiene los dos.

Leandro Desábato, el zaguero que lucía el 2 en la espalda fue otro soldado arrojado y tenaz, extraordinario en la defensa de su valla. El arquero Andújar, el mismo Verón en la circulación de la pelota, el petizo Braña en el medio (número 22), el zurdo Benítez (23). Toda el alma estudiantil, la historia copera del club platense, la fe de sus hinchas, todo fue expuesto sin retaceos en el verde inmaculado. Si el Inter lo respetó antes de jugar a Estudiantes, ahora lo admira mucho más.

"Estos jugadores aman la camiseta y van a dar todo por el triunfo", declaró el técnico Leonardo Astrada el día anterior, al llegar a Brasil. No fantaseó, dejaron la sangre en el rectángulo. Los 2.500 hinchas albirrojos pasaron 120 minutos pidiéndole a su equipo "un poco más de hue." ¿Más.?

Luego del relativamente cómodo triunfo del Inter en La Plata, los medios brasileños daban por segura la conquista en casa. Pero el sufrimiento rozó casi el llanto en los hinchas locales. En momentos en que el fútbol describe una parábola de fealdad en el mundo entero, esta final enciende una luz de esperanza. No fue un concurso de belleza, sí un bellísimo desafío de virilidad, ardor, entusiasmo, fuerza, coraje, resistencia. Y en la garra de Estudiantes está el mérito del Inter. Pese a tan determinado rival, a tanta oposición, logró el empate que lo coronó.

Con nombres mil veces menos rutilantes, en un marco más humilde, esta final de la Sudamericana resultó más volcánica y apasionante que la de la Champions entre el Manchester United y el Chelsea. No significa de ninguna manera que el fútbol sudamericano sea por ello mejor que el europeo. Sólo confirma que la actitud, la ilusión, el deseo de ganar son más importantes que las individualidades, que todo. No es indispensable que un partido termine 5 a 4 para encantar al público, ni que estén sobre el césped Messi, Kaká o Cristiano Ronaldo; ni siquiera simpatizar con algunos de los equipos para disfrutar del fútbol, sí que se deje la vida en la cancha.

Brasil es el país donde más incursionan en el periodismo los ex futbolistas. Junior, Neto, Falcao, Gerson, Mario Sergio. Todos estaban con auriculares y micrófono. Por ahí, algún periodista. Coincidimos en el palco con Dunga, quien vive en Porto Alegre y es un colorado reconocido. Nos anticipó en exclusiva su voto para el Jugador Mundial de la FIFA: "Cristiano Ronaldo, Pirlo y Drogba". Y en medio de la charla le apuntó a sus ex colegas, hoy comentaristas. "Desde la cabina saben todo y dan instrucciones, pero cuando estuvieron allá abajo (en el banco) no hicieron nada". Le volvió la fiereza al capitán.

Gracias Inter y Estudiantes, nos regalaron una final inolvidable.

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