ESPECIAL
Por Carmen Barrantes*
En 1949 Simone de Beauvoir afirmó: "la mujer no nace, se hace". Desde entonces se han dado pasos significativos para reconocer que existe un modelo cultural que circunscribe, o circunscribÃa, a la mitad de la población --a las mujeres-- al ámbito familiar y privado, postergando la igualdad de sus derechos y oportunidades de desarrollo.
En 1979, tres décadas después de que Beauvoir expusiera su teorÃa sobre la construcción social de la mujer en "El segundo sexo", las Naciones Unidas adoptaron la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres. Se trata del instrumento jurÃdico más poderoso sobre los derechos humanos de las mujeres, pues reconoce amplios derechos civiles, polÃticos, culturales, sociales y económicos. Lo más importante es, sin embargo, su carácter vinculante que obliga a los Estados signatarios a cumplirla obligatoriamente. Tan valioso instrumento y su protocolo, suscrito por el Estado Peruano en el año 2002, son lamentablemente poco conocidos.
Alfabetizar en derechos
Ban Ki-moon, secretario general de la Organización de Naciones Unidas, enfatiza la impostergable tarea de difundir lo más ampliamente posible la Declaración de los Derechos Humanos. Y es que justamente las personas con mayor necesidad de defender sus derechos son las que menos conocen la declaración. Lo mismo ocurre con la convención que establece los derechos de las mujeres. Las mujeres que más requieren conocer su existencia, sus alcances y los mecanismos para reclamar su aplicación son las peruanas excluidas, en su mayorÃa analfabetas, indocumentadas y que viven en lugares aislados. Asà resulta que por no conocer la convención no podrán acceder a sus beneficios, directos e indirectos en términos de justicia, ciudadanÃa, entre otros.
Es prioritario generar mecanismos para que las peruanas que más lo necesitan conozcan las leyes que las protegen. También es impostergable garantizar una sólida formación, en este sentido, para los jueces y fiscales.
Convención y civilización
La CEDAW (siglas en inglés de la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres) fue suscrita por nuestro paÃs en 1982, y su Protocolo Facultativo el 2001. Es una herramienta eficaz para enfrentar la discriminación. La convención recogió y amplió los derechos consagrados en anteriores resoluciones de Naciones Unidas en materia de educación, empleo, salud, participación polÃtica, toma de decisiones, relaciones matrimoniales y familiares, mujeres rurales, e igualdad de hombres y mujeres ante la ley. El protocolo es vital para hacer efectiva la convención, pues permite que cualquier mujer presente denuncias directamente si considera que se han vulnerado sus derechos. El requisito es haber agotado la vÃa judicial nacional. El mismo protocolo establece que el Comité de Naciones Unidas especializado en la materia puede promover, de oficio, demandas sobre violaciones graves o sistemáticas a la propia convención. La divulgación de estos instrumentos y otros, como la Declaración sobre la Violencia contra las Mujeres y la Declaración de Viena, que señalan que los derechos de la mujer y la niña forman parte de los derechos humanos universales, entre las peruanas excluidas son tareas que podemos asumir como la mejor manera de celebrar el aniversario 60 de la Declaración de los Derechos Humanos.
[*] Consultora UNFPA / MIMDES VII Informe CEDAW.