ANÃLISIS
Por Farid Kahhat *. Analista internacional
A juzgar por la cobertura mediática, los recientes atentados terroristas cayeron sobre Bombay como un rayo en cielo sereno. Con excepción de la BBC, los medios internacionales omitieron recordar que el sistema de transporte de esa ciudad fue objeto el 2006 de atentados que causaron la muerte de 183 personas. Aquellos muertos no recibieron la misma atención que las 172 vÃctimas mortales de la reciente asonada por una sencilla razón: a diferencia de estas últimas, no pertenecÃan a la élite económica del paÃs, ni cobijaban entre sà a 29 extranjeros (en su mayorÃa, ciudadanos de potencias occidentales).
El origen de las principales organizaciones terroristas que operan en la región puede rastrearse hasta la invasión soviética de Afganistán en 1979. En aquel entonces, el dinero y adoctrinamiento saudÃ, de un lado, y las armas e instructores estadounidenses, de otro, confluyeron en Pakistán para formar milicias destinadas a combatir la ocupación soviética. Aunque ahora cueste recordarlo, entre aquellos "luchadores por la libertad" (como los calificara el presidente Reagan) se encontraban personajes como Osama Bin Laden.
Tras poner fin a la presencia soviética en Afganistán, saudÃes y estadounidenses levaron anclas y emprendieron la travesÃa de retorno a casa. La inteligencia militar pakistanÃ, por su parte, encontró nuevos usos para sus viejos aliados: de un lado, Pakistán fue uno de tan solo tres paÃses que reconoció al régimen talibán en Afganistán. De otro, un sector de la insurgencia islamista enfiló sus baterÃas contra blancos militares y civiles en la provincia india de Cachemira (que Pakistán reivindica como propia).
Lo peor, sin embargo, vendrÃa tras el 11 de setiembre del 2001. En diciembre de ese año se produjo un asalto armado contra el Parlamento de la India en Nueva Delhi. Tras culpar al Gobierno PakistanÃ, el Gobierno de la India movilizó tropas hacia la frontera común. Pakistán hizo lo mismo y generó una crisis que se prolongarÃa por algunos meses. Aunque eventualmente la crisis llegó a su fin y dio inicio a un proceso de distensión entre ambos paÃses, en el transcurso de la misma se produjo la masacre de unos 2 mil musulmanes a manos de nacionalistas hindúes en el estado indio de Gujerat. Y ese, a su vez, fue un punto de inflexión en el proceso de radicalización de algunos sectores de la población india de religión musulmana.
Es probable que los terroristas que atacaron Bombay tuvieran en mente la masacre de Gujerat: la mayor victoria que podrÃan obtener después de su muerte serÃa un nuevo brote de violencia indiscriminada contra civiles musulmanes. Porque si algo tienen en común los extremistas en esta región del mundo es la búsqueda de la polarización, a expensas de cualquier espacio de encuentro entre grupos culturales. Aunque en este caso, su agenda parece trascender los linderos de la India: algunos grupos militantes cuestionan la alianza que ese paÃs ha forjado con Estados Unidos, mientras otros proclaman que "el choque de civilizaciones entre musulmanes e infieles ha empezado en territorio indio".
Esto último recuerda la agenda transnacional de la red Al Qaeda. Y recuerda también el modus operandi empleado por los atacantes, el cual coincide con lo que en estudios estratégicos se conoce como operaciones de castigo. Su propósito no es, por ejemplo, el de tomar rehenes para forzar una negociación: es más bien el de minar la voluntad polÃtica del Estado al que confrontan, a través del daño infligido a objetivos civiles. Por eso los atacantes no ocultaron su identidad ni plantearon demandas: su único objetivo era el de causar el mayor daño posible antes de ser abatidos.
En cuanto a Pakistán, si bien nadie presume que el gobierno actual promueve organizaciones como las descritas, las acusaciones de la India apuntan en dos direcciones diferentes, que no son mutuamente excluyentes: de un lado, la constatación de que la región noroeste de ese paÃs está fuera del control del Estado y se encuentra infestada por grupos armados. De otro lado, la posibilidad de que la inteligencia militar de Pakistán tenga su propia agenda respecto de la India, y que recurra a sus viejos aliados para ponerla en práctica.
* CATEDRÃTICO DE LA PUCP