Por Erik Struyf Palacios. Corresponsal
BRUSELAS. "¿Por qué siempre nos echan la culpa?", se preguntan los pakistanÃes. "Cada vez que en la India ocurre algo trágico, nos responsabilizan... y sin pruebas", se quejan ante la prensa internacional. El fuego de los feroces atentados perpetrados en Bombay el pasado 26 de noviembre no se habÃa extinguido aún, cuando Nueva Delhi señalaba ya con el dedo acusador a su vecino y le reprochaba dar cobijo al grupo terrorista que causó la muerte de unas 180 personas en el llamado "11 de setiembre indio". Tratándose de dos paÃses que son potencias nucleares y que en menos de un siglo se han enfrentado en tres sangrientas guerras, la escalada de las tensiones entre Nueva Delhi e Islamabad preocupa a la comunidad internacional.
No solo el ciudadano de a pie lamenta la actitud india. Hasan Askari Rizvi, un analista pakistanà citado por la BBC, asegura que las acusaciones de la India son un simple acto reflejo que no toma en cuenta las nuevas realidades: "Resulta significativo que la inteligencia india falló en detectar una operación de esta envergadura mientras era planeada, pero no dudó un minuto en atribuirlo a un grupo pakistanÃ. Si sabÃan quién era el responsable, ¿por qué no hicieron nada para detenerla? La India tiene que admitir la aparición de un radicalismo 'hecho en casa' y darse cuenta de que es inútil culparnos por sus problemas", aseveró.
Rizvi, como muchos en Pakistán, está convencido de que la discriminación y la violencia que sufre la minorÃa musulmana en la India son el caldo de cultivo en el que se han engendrado los nuevos grupos terroristas.
LA ARMADA DE LOS PUROS
Sin embargo, las primeras evidencias apuntan a que los ataques de Bombay fueron ejecutados por la organización terrorista pakistanà Lashkar-e-Toiba (La armada de los puros), grupo que lucha por la liberación de Cachemira (ver vinculada) y al que se adjudica el atentado del 2002 contra el Parlamento indio en Nueva Delhi.
La hipótesis se desprende de las declaraciones del único terrorista detenido con vida: Ajmal Amir Kasav, natural de la provincia pakistanà de Punjab. "Su familia recibirÃa más de 2.500 euros, ofrecidos por el propio Zakir-ur-Rehman, un conocido lÃder de Lashkar-e-Toiba, a cambio de su participación en el ataque", cuenta a El Comercio Tejinder Singh, un periodista indio con acceso privilegiado a fuentes próximas a las investigaciones.
"Además están las grabaciones de las llamadas hechas por los terroristas a través de un teléfono satelital recuperado después del ataque", añade Singh. "Se escucha a los jefes de la banda dar instrucciones a sus comandos. Los nombres utilizados son sobrenombres de los cabecillas de Lashkar conocidos por la inteligencia india". Un sujeto llamado Yusuf habló en varias ocasiones con su escuadrón mortal. Cada conversación duró entre dos y tres minutos y en ellas los sediciosos recibÃan órdenes en un dialecto hindi propio de la región de Punjabi. En una llamada del 27 en la mañana se oye una voz que dice: "¡Incendien el hotel y aprovechen del pandemonio para escapar, si pueden...!".
Pero estas evidencias, que han llevado a India y a la mayorÃa de observadores a señalar a Lashkar-e-Toiba como responsable de los atentados, no han cambiado la postura de Pakistán. Su presidente, el recién electo Asif Alà Zardari (viudo de la asesinada Benazir Bhutto), puso en tela de juicio incluso la nacionalidad del terrorista interrogado, en una entrevista a la cadena estadounidense CNN. Y ante la exigencia de la India de facilitar la extradición de unos 20 terroristas pakistanÃes acusados de haber atacado blancos indios, el mandatario se limitó a prometer: "Si tuviéramos pruebas en su contra, los llevarÃamos a la corte de nuestro paÃs y los sentenciarÃamos".
"Esta actitud de Pakistán implica riesgos", dice Tejinder Singh. "Nos acercamos a un año electoral en la India. El pueblo indio está indignado y clama por el ajusticiamiento de los asesinos. Nuestros lÃderes no se quedarán con los brazos cruzados, so pena de ser castigados en las elecciones. Si la India presiona a Pakistán, escalará la tensión y el Ejército pakistanà blandirá la amenaza india como justificación para desplazar miles de sus soldados de la frontera noroeste (con Afganistán) a su frontera este con la India". "Entonces los terroristas habrán obtenido lo que buscaban: menos presencia militar en la zona fronteriza con Afganistán, donde pululan grupos sediciosos vinculados a Al Qaeda", concluye Singh.
A Claude Moniquet, experto en terrorismo del European Strategic Intelligence and Security Center de Bruselas, esta hipótesis le parece perfectamente factible. Pero agrega: "En la lógica de Al Qaeda hay agendas que se superponen. El objetivo estratégico internacional serÃa disminuir la presión que les afecta en la frontera con Afganistán y la agenda local es desestabilizar la India, que es vista como una potencia antimusulmana".
LA MANZANA DE LA DISCORDIA
Para muchos musulmanes del sur de Asia, la situación de Cachemira sigue siendo una herida abierta que no termina de cicatrizar. Importantes sectores de la población y del Ejército pakistanÃes siguen considerándola una provincia ocupada por el enemigo indio. Mientras que los cargos del poder civil los ejercen musulmanes moderados, no se puede afirmar lo mismo de la Armada y el servicio de inteligencia (ISI).
El propio Zardari no pudo negar esta semana que hasta hace muy poco tiempo milicias como Lashkar-e-Toiba tuvieron lazos con el ISI: "El presidente pakistanà puede tener la mejor de las intenciones, pero es imposible desmantelar estas redes de apoyo entre inteligencia y terroristas de la noche a la mañana", apunta Tejinder Singh.
Preguntado por la posibilidad de una nueva guerra entre su paÃs y la India, Zardari afirma: "Las democracias no hacen la guerra. Las guerras del pasado tuvieron lugar en tiempos de dictaduras. La guerra no es una expresión del pensamiento". La India también ha descartado, al menos por el momento, un escenario de guerra. Pero su Gobierno se reserva el derecho de incursionar en territorio de Pakistán en busca de los sediciosos que la golpearon si Islamabad se mantiene en su pasividad.
La historia de dos paÃses divididos
Disuelto el Imperio Británico, el subcontinente indio se dividió en dos naciones: India, con predominio hindú, y Pakistán, con predominio musulmán. El principado de Cachemira, territorio situado entre los dos nuevos estados, pese a ser de población mayoritariamente musulmana, quedó bajo mando hindú.
La primera guerra indo-pakistanà se inició en 1947 cuando rebeldes musulmanes, apoyados por fuerzas pakistanÃes, se enfrentaron al poder hindú de Cachemira. La India salió en auxilio de los hindúes a condición de quedarse con su territorio. La guerra terminó en 1949 gracias a la intervención de la ONU. Pakistán se apoderó de la parte norte de Cachemira (Azad) y la India se anexó la porción sur.
En 1965 se produjo la segunda guerra. Comenzó en abril con enfrentamientos en la zona fronteriza de Kachchh y en agosto se extendió a Cachemira y la región de Punjab. En enero de 1966, con mediación de la ONU, se acordó un cese del fuego y el retorno a las posiciones anteriores a agosto de 1965.
En 1971 estalló una guerra interna en Pakistán entre las regiones del oeste y este del paÃs (separadas una de otra por el inmenso territorio indio). Islamabad bombardeó la parte india de Cachemira por considerar que Nueva Delhi estaba detrás de los levantamientos del este de Pakistán. En respuesta, la India atacó el oeste de Pakistán y ocupó el este hasta que la región declaró su independencia de Islamabad y se convirtió en Bangladesh.
En 1974 Pakistán reconoció a Bangladesh. Ese mismo año la India se convirtió en potencia nuclear. Hacia finales de los 80, Pakistán tuvo sus primeras armas atómicas. Desde entonces, cada vez que se recrudecen las tensiones entre ambos, la amenaza nuclear alarma al mundo.