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CRÍTICA DE MÚSICA

Los setenta años de la Sinfónica

Por José Quezada Macchiavello

Recientemente la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) celebró un nuevo aniversario con un concierto en el que Mina Maggiolo Dibós, su actual directora, incluyó la "Quinta sinfonía" de Beethoven y el "Bolero" de Ravel, obras que la OSN ejecutó en su concierto inaugural en diciembre de 1938, bajo la dirección de su fundador, el gran maestro Theo Buchwald. A propósito de los setenta años de la Sinfónica, reflexiono sobre sus avatares y sobre los de la música sinfónica en el Perú.

Desde mediados de los 70, hace más de 30 años, la OSN entró en una crisis que a veces ha llegado a ser sumamente grave. Solamente en breves temporadas la situación pareció superarse. Sin embargo, los serios problemas quedaron siempre latentes y las soluciones fueron temporales, aparentes o insuficientes. La OSN existe heroicamente y llega a sus setenta años gracias al sacrificio de sus músicos y a pesar del INC. Además de las trabas burocráticas, el presupuesto que se le otorga a través de esta entidad es exiguo y las remuneraciones son muy bajas. No tiene un concertino adecuadamente remunerado y no todos sus integrantes están contratados en condiciones regulares. No dispone de un lugar de ensayos fijo y frecuentemente es 'desalojada' del auditorio del Museo de la Nación, donde da sus conciertos dominicales.

Si bien en los últimos años está integrada por un número cercano al estándar profesional internacional, por largos años la OSN no tenía violonchelos, faltaban violas y violines y contrataba 'por fuera' a jubilados o a estudiantes. Aún no se cuenta con la oferta de músicos suficiente, porque lo mejor que puede hacer un joven instrumentista con talento es irse del Perú. Esto no ocurre en Chile, Ecuador, Colombia ni en Venezuela. No es fácil, pues, encontrar músicos para la OSN y menos para formar otras orquestas. A la capital no le basta una sola orquesta sinfónica estable, pero hay músicos idóneos apenas para una orquesta y media, aunque existan varias nominales --en buena hora por los músicos y el público-- organizadas por entidades privadas.

La educación musical es todavía incipiente en nuestro país. La formación de instrumentistas sinfónicos, salvo contadas excepciones, la realiza solamente el Conservatorio Nacional de Música. Las orquestas juveniles en el Perú son pocas y las que funcionan en Lima se forman mayormente con alumnos del Conservatorio. En los países vecinos, incluyendo Bolivia, el número de orquestas de niños y jóvenes es mucho mayor. El caso venezolano es emblemático, con decenas de miles de niños y jóvenes que estudian y practican en centenares de orquestas-escuela, que se perfeccionan después en conservatorios y universidades y que garantizan la existencia de varias sinfónicas serias. Y no es que los jóvenes peruanos tengan menos interés o talento que los de otros países de Sudamérica: lo que ocurre es que no hay un proyecto coherente de educación musical popular dirigido a crear orquestas juveniles o infantiles y a promover el talento.

Solamente el Estado, por medio del INC, sostiene orquestas permanentes en Lima (OSN), Arequipa y Trujillo. En Piura surgió una orquesta municipal bastante buena, pero todos los años por esta época se tambalea por razones de presupuesto. Justamente las municipalidades, las universidades y los aliados privados deberían asumir el impulso de la educación musical para promover orquestas sinfónicas juveniles e infantiles y, asimismo, organizar orquestas profesionales estables para hacer que la buena música llegue a todos.

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