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MUCHO OJO: Dale con la teletón

Por Fernando Vivas

A riesgo de ser aguafiestas navideño, digo que no me gustan las teletones. Celebro las campañas de caridad sin aspavientos, porque nos hacen a todos algo humildes y desprendidos, y si se suman todas imagino que resultan en un montón de plata para hacer un montón de cosas (aunque urge medir la solidaridad total en porcentaje del PBI. De repente nos llevamos una desagradable sorpresa).

Pero no me gustan las aparatosas teletones porque mistifican, espectacularizan y banalizan tanto el espíritu solidario que pueden hacer que la población pierda la perspectiva de la magnitud de la miseria humana y de lo que el Estado y nosotros mismos como sociedad organizada debemos hacer eficientemente para aliviarla. Es el lastimero "lo que sea su voluntad" frente a la eficacia de la obligada equidad redistributiva.

Peor todavía si es el propio presidente Alan García quien las convoca, pues nos envía el populista mensaje de que pasar el sombrero puede ser tan importante como la voluntad política del Gobierno en la lucha contra la pobreza.

Reconozco, eso sí, un argumento en favor de la teletón en beneficio del Hogar Clínica San Juan de Dios. Es una tradición para celebrar una sola vez al año y surgió de la iniciativa privada --la de Ricardo Belmont-- para ayudar a una asociación privada sin fines de lucro. Belmont perdió plataforma para continuarla y no dejó posta; pero ello no es razón para que el Gobierno se meta.

La ocurrencia presidencial ya tiene fecha (domingo 21 de diciembre) y lugar (el patio central del Palacio de Gobierno) y, por lo tanto, no puede parar. Pero sí puede conducirse de modo tal que no se consagre una populista desviación a la tradición. La próxima teletón, si la hay, que sea privada y esta, mientras divierte, que difunda la sana costumbre de hacer caridad sin bombo, que ilustre sobre el problema social y las formas eficaces de combatirlo. Y, claro, que recaude todo lo que pueda.

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