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ARTE MASIVO PERO TODAVÍA IMPOPULAR

Una experiencia para todos

Por: Ricardo Trotti. Sociedad Interamericanade Prensa (SIP)

Las megaferias de arte que cobija Miami esta semana, Art Basel y Art Miami, refuerzan mi opinión de que el arte se ha masificado como información y entretenimiento, pero infelizmente todavía no se ha popularizado.

Existen tres factores que no permiten que haya penetrado en las clases populares y mantenga su perenne vocación elitista: el inaccesible costo de las obras, los parámetros de belleza del movimiento vanguardista y la falta de educación y desarrollo cultural-artístico.

Es cierto que hay precios para todos los gustos, pero lo que asusta y aleja son los importes estratosféricos creando la percepción de que todo el arte es inalcanzable.

La actividad artística es sinónimo de lujo en un mundo que en el 2006 comercializó obras por 54,9 billones de dólares. Las ferias de Londres, Hong Kong, Dubái, Nueva York y de varias capitales latinoamericanas, así como las astronómicas subastas movidas por Sotheby's y Christie's, han inflado una burbuja de arte demasiado cara y elitista que la crisis actual trata de pinchar.

El costo no es solo lo que espanta, sino también la cantidad de trabajos kitsch. Muchos no siempre captan la nueva configuración de los patrones culturales de belleza del arte contemporáneo. Desde las grandes civilizaciones, la hermosura se viene asociando con la percepción sensorial de placer que produce un objeto debido a su simetría, armonía y estética, valores fáciles de relacionar, para el ciudadano de a pie, a obras más figurativas, o menos complicadas, como "La Piedad" o el "Guernica".

El arte de todas las épocas es producto de su contexto, tiene mensaje y es necesario que desafíe y exista. La pluralidad de criterios hace al mundo rico y diverso. Sin embargo, la dicotomía es que cuando es exageradamente caro, sirve solo para ser absorbido en museos, exhibiciones y espacios públicos, provocando un placer efímero, solo de observación y admiración, rara vez convirtiéndose en un goce que se incorpora como cotidiano.

El arte debería aprender del deporte. La cultura ha sabido, en especial el siglo pasado, incorporar la práctica del deporte como una necesidad física. El arte, a través de las escuelas, debería crear la necesidad intelectual de ser consumido, vivido.

En ese sentido, esta semana hubo en Miami un anuncio prometedor alejado del mercantilismo de las ferias, que permitirá que el arte se transforme en hábito y cultura: La Fundación Knight financió 31 proyectos artístico-culturales, que incluyen internados de alumnos universitarios con artistas profesionales, música clásica en las escuelas públicas y un instituto de apoyo para cineastas.

Es una postura que no se limita a beneficiar a una élite o a masificar la observación, sino a que todos puedan tener la experiencia y sensación de vivir el arte.

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