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HABLE CON ELLA

¿Y ahora qué hago?

Por Marcela Robles

José Saramago acaba de decir en una entrevista que él es el producto del niño que una vez fue. Que sigue siendo el nieto de sus abuelos, Josefa y Jerónimo, y que ha sido capaz de mantener viva su memoria. Como prueba visible, una foto de ellos ocupa un lugar privilegiado entre los 15 mil libros que tiene en su lugar de trabajo. El escritor portugués acaba de publicar en noviembre su novela "El viaje del elefante", habrá que leerla. Sobre todo para acompañarlo en su vacío, en el cual se siente extraviado: "Me siento aliviado cuando termino un libro porque ya no necesito preocuparme, pero me siento triste al mismo tiempo porque me pregunto, ¿Y ahora qué hago?".

Saramago no cree en la inspiración. Dice algo maravilloso. Que un libro necesita de una idea fundacional. "El embrión nace de un pensamiento subterráneo, a diferencia del pensamiento superficial. Cuando este pensamiento subterráneo surge, se pronuncia: Aquí estoy. ¿Inspiración? No. Es un proceso químico, físico, eléctrico. Así funciona el cerebro".

¿De qué trata la nueva obra del Nobel de Literatura 1998? En ese momento se dijo que merecía la distinción por "volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía".

Aunque se trata de una novela histórica, mezcla de realidad y ficción, el autor asegura que si su abuela pudiera responder por él desde la fotografía diría que trata sobre él mismo, sobre ese elefante que caminó su larga travesía hasta sus recién cumplidos 86 años, sobre la muerte y sobre la vida. No lo sé con certeza aún, pero me imagino que, como todos los elefantes, también es un regreso a buscar su cementerio, su lugar de origen. Porque Saramago estuvo a punto de dejarnos hace poco debido a una neumonía que se complicó y por la que tuvo que interrumpir la escritura de su libro, con la angustia que le producía el no poder ponerle el punto final. Pero logró escaparse por esta vez. Por eso afirma que está "disponible" para la vida un rato más y que no sería justo retirarse ahora.

¿Y ahora qué hago? Me pregunto dentro de mi propio desasosiego, mientras trato de llegar al punto final de esta columna. "En realidad no es nada, es solamente casi todo", me respondo. Es una frase que he acuñado recientemente. Se las ofrezco, queridos lectores, para que la tengan a mano cuando alguien les pregunte ingenuamente, ¿pero qué te pasa?, como si pudiera no estar pasando algo. Porque supongo que resume las respuestas a todas nuestras preguntas existenciales y cotidianas. Es una fórmula que reemplaza hoy en mi bitácora la generosa y encantadora respuesta de los argentinos: "Estoy bien, ¿o quieres que te cuente?".

José ama a su mujer más que a la literatura. Se llama Pilar del Río y es una periodista española 28 años menor que él. Él piensa que si hubiese muerto a los 63 años, antes de conocerla, habría muerto mucho más viejo que cuando le llegue finalmente su hora. Yo le creo. Llevan casados 20 años viviendo en Lanzarote, una isla en la que la hipocresía está ausente. Por algo la dedicatoria del libro: "A Pilar, que no me dejó morir".

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