Tras una larga espera, el Gobierno reaccionó y lanzó el plan anticrisis, que tiene como eje la inyección de unos 10 mil millones de soles de recursos del Estado, con el principal objetivo de dar una contundente señal de confianza en el paÃs y mantener el ritmo reactivador.
El optimismo debe ir aparejado con el realismo. El Ejecutivo entendió finalmente que no podemos seguir la polÃtica del avestruz. Y es que, a pesar de que estamos en mejor pie que otros, el Perú no es una isla dentro del convulso escenario mundial.
Ahora, hay que pasar a la acción. Se espera la pronta ejecución del plan, pero también que el sector privado responda y se comprometa con el paÃs para asumir la parte de responsabilidad que le corresponde. La notable subida que experimentó ayer la Bolsa de Valores de Lima es un buen sÃntoma en tal sentido, al igual que recientes encuestas que señalan al Perú como paÃs lÃder en expectativas de contratación de personal.
Pasó la época de las vacas gordas y, afortunadamente, el Gobierno actuó con mesura para consolidar reservas y ahorros que hoy son la base del plan contracÃclico. El empresariado, por su parte, se vio fuertemente beneficiado con ganancias que debieran aplicar ahora para mantener el ciclo productivo.
Es acertado que el mayor énfasis del plan se ponga en el sector construcción, con 3 mil millones para programas habitacionales. Este sector ha sido el más dinámico, demanda más mano de obra, genera empleo y actúa como principal engranaje del sector financiero y la industria del cemento, acabados, etc.
Asimismo, se incrementa la inversión pública en 5 mil millones de soles, lo que es positivo, pues al tiempo que se apunta a reducir el grave déficit de infraestructura, se sostiene y dinamiza las economÃas regionales.
Sin embargo, debemos alertar sobre dos aspectos sumamente delicados: por un lado la anunciada disminución o eliminación de los controles de la inversión pública, que a veces obstaculizan y toman demasiado tiempo; y por otro lado, las compensaciones que darÃa el Estado a las empresas que no logren rentabilidad en las concesiones que ganen.
En cualquier caso, urge tomar las debidas previsiones para evitar cualquier malversación o acto de corrupción y sancionar ejemplarmente cualquier atisbo de ello. Y si se trata de subsidios, pues debe medirse las consecuencias a futuro de tal precedente y el riesgo que ello entrañarÃa para la salud de una economÃa social de mercado.
Como no podÃa ser de otra manera, el plan incluye también 700 millones para aliviar el peso de la crisis que siempre afecta más a los que menos tienen, lo que debe ser complementado con la reingenierÃa de los programas de apoyo social, de modo que se asegure la eficiencia presupuestal.
En suma, faltarÃa detallar en el plan las polÃticas monetarias relacionadas con la tasa de interés y el encaje, pero no hay duda de que se está dando una nueva partida en el difÃcil panorama mundial. Y si el Gobierno ha tomado, oportunamente, la iniciativa, a la larga, para que el plan sea sostenible en el tiempo, el sector privado debe asumir el peso de mantener Ãndices respetables de dinamismo, crecimiento y estabilidad económica.