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VALLEJIANA

El arte de voltear la tortilla

Por Abelardo Sánchez León. Escritor

A finales de año recurro a César Vallejo para sentirme un poquito más peruano todavía, y descubro unos versos donde ser peruano cobra sentido tragicómico: "Confianza en el anteojo no en el ojo"; "hoy me gusta la vida mucho menos, / pero siempre me gusta vivir"; "reanudo mi día de conejo / mi noche de elefante en descanso" y así, hasta llegar al peruanísimo "César Vallejo ha muerto, le pegaban / todos sin que él les haga nada; / le daban duro con un palo y duro / también con una soga". Me detengo en el último de los versos y me pregunto si todos los peruanos nos sentiremos víctimas de un poder concebido para maltratarnos con manos inclementes. Es curioso, pero una experiencia peruana consiste en ver cómo se voltea la tortilla, cómo el poder se cree con derecho a tergiversar la exactitud de las cosas y salirse con la suya. Claro que puedo decir con Vallejo: "De la noche a la mañana voy / sacando lengua a las más mudas equis", pero me siento mucho más peruano cuando leo "quiero escribir, pero me sale espuma".

Porque lo que quiero decir se me atraganta en la garganta por lo duro que es. En el Perú hay muy pocas personas en las que se puede ciegamente confiar. "Confianza en el anteojo no en el ojo". La famosa coyuntura nos muestra una pavorosa galería de personajes turbios cuyo accionar nos perturba, sean militares de gorra, congresistas gordos, funcionarios de voz ajada o lobbistas calvos y sin códigos morales. Trato de sacar energía de mi corazón y curiosamente Vallejo tiene un verso fuera de repertorio: "Quisiera hoy ser feliz de buena gana"; sí, Vallejo también quería ser un peruano feliz, aunque le pegaran sin que él les hiciera nada.

Me hubiese gustado encontrar un verso sobre cómo se voltea la tortilla; el más cercano sería aquel que escribe sobre el pan que se quema en la puerta del horno. Pero yo quisiera encontrar el peruanísimo verso que aluda a la capacidad de convertir al culpable en víctima y, más aún, cómo en lugar de ser castigado socialmente, castiga para ganarse el respeto. Castigar alude al derecho de ejercerlo con respeto. Voltear la tortilla es un arte aprendido en aposentos cortesanos y se ampara en la educación de una clase que no tiene que dar explicaciones. Ay, Vallejo: "Mas ya lo sabes: todo fue mentira".

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