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NECESIDAD DE UN MECANISMO DE GESTIÓN DE CRISIS MÁS EFICIENTE

El Perú, Chile y el manejo bilateral de la crisis

Por Alejandro Deustua. Internacionalista

El reciente 'impasse' peruano-chileno ha mostrado, nuevamente, la sensibilidad de la relación política entre ambos estados, a pesar de su creciente fundamento económico y la buena disposición recíproca de sus gobernantes.

La causa específica del 'impasse' (unas declaraciones irresponsables de un jefe militar realizadas en privado) y la respuesta de la contraparte (la exigencia oficial de condiciones inaceptables e imposibles de cumplir, y el eco parlamentario que la siguió) evidencian la precariedad en el manejo de la simbología del conflicto entre las partes.

Si en la circunstancia actual la superación del 'impasse' no hubiese sido ayudada por un imponderable (la fecha de caducidad del cargo del oficial en cuestión), los gobiernos habrían quedado envueltos quizá en una crisis mayor.

En efecto, el proceso electoral chileno no revela hoy una radicalización tal que obligue a viejos militantes de partidos tradicionales, que además ejercen las más altas responsabilidades, a reavivar una fricción que los jefes de Estado ya habían dado por concluida.

Experimentados altos oficiales en retiro del país vecino tampoco tenían por qué sentirse obligados a no atenuar la tensión, cuando ellos --como sus colegas peruanos-- conocen el marco psicológico de los respectivos usos militares internos.

De otro lado, un oficial peruano, que mereció la más alta confianza presidencial, no solo no contribuyó a cancelar la fricción, sino que, después de dar explicaciones, la impulsó al pasar por encima de la superioridad. Y lo hizo sin tomar en cuenta los límites de la capacidad del Gobierno para adoptar acciones correctivas bajo presión externa (peor aún, cuando esta es vecina).

Por lo demás, el 'impasse' mostró en ambos países que las reacciones irracionales superan aun los contextos más críticos --como la grave situación económica global-- e impulsan tendencias perniciosas.

Y lo hace recurriendo a la simbología más tradicional. En un caso, explotando una beligerancia inexistente. En el otro, postergando la mesura en la evaluación de un exabrupto y pasando por alto la dimensión ofensiva de términos que describen la conducta del Estado ("por la razón o la fuerza") y su desequilibrante capacidad militar.

Aunque quisiéramos que esta situación no sea prototípica, el hecho concreto es que enturbia el marco en que los dos países acuden al fuero jurisdiccional para dirimir, civilizadamente, una controversia ligada a remanentes de la Guerra del Pacífico.

Si, como lo muestra este caso, las instituciones que deben generar confianza entre las partes (el 2+2) no funcionan apropiadamente, y si hasta los actos formales ad hoc que deben contribuir a ella se revierten bajo las circunstancias mencionadas, es evidente que el Perú y Chile presentan alarmantes carencias en el manejo de crisis.

En tanto ninguno de los dos estados desee complicar el conjunto de su relación bilateral, resulta indispensable que ambos gobiernos establezcan un mecanismo informal, pero muy eficiente y práctico, de prevención y gestión de conflictos.

Este debiera ser menos complicado de oficializar si el Perú y Chile ya están de acuerdo con llevar el caso por 'cuerdas separadas'.

La naturaleza y la proyección del impasse recién superado obliga a ello.

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