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PELOTA CUADRADA

Fanáticos, titulares y bostezos

Un paralelo entre dos de los más representativos programas de CMD

Por Raúl Cachay A. Periodista

CMD quiere que su parrilla de programación deportiva sea heterogénea y diversa, y eso es bastante encomiable. El problema --creo-- tiene que ver con el enfoque que le viene dando a sus espacios de entretenimiento: algunos funcionan debido a que apelan a formatos conocidos, por no decir infalibles; mientras que otros naufragan de manera ruidosa porque, precisamente, no han conseguido definir un perfil, un horizonte, que los conecte con las apetencias televisivas del hincha promedio. Ambos extremos están representados por el programa de concursos "100 % fanáticos" y el espacio de variedades (por llamarlo de alguna manera) "Entre titulares".

El primero, conducido por el también actor y 'polizonte' Gian Piero Díaz, sintoniza con uno de los trastornos más comunes entre los apasionados del deporte: la obsesión por la información inútil, el apego por la 'trivia', esa forma descartable del conocimiento que no tiene ninguna relevancia práctica, pero que, no obstante, separa al 'hincha verdadero' del simpatizante de carne y hueso. Ocurre lo mismo con los melómanos o los cinéfilos: un dato mínimo, insustancial, simboliza el inefable limbo entre el mero aficionado y el conocedor recalcitrante. Si "100% fanáticos" puede llegar a ser adictivo, con "Entre titulares", más allá de los esfuerzos de sus conductores (todos muy respetables, por cierto), ocurre todo lo contrario: es un programa sin brújula, que pendula entre la payasada gratuita, el autobombo permanente (cada vez que alguien dice algo medianamente ingenioso todos gritan y aplauden como si se hubiera tratado del chiste del siglo), las luces y sombras que pueden aportar los invitados de turno y los inexplicables cambios en la terna de sus animadores (¿quedarse hasta las 11 p.m. para conducir el programa será una suerte de castigo en CMD?).

Mientras uno trasciende la medianía habitual porque nunca pierde de vista su premisa, el otro no alcanza a despegar por su poco afortunado apetito por el arroz con mango. De cualquier manera, ambos se han mantenido durante largos meses (años, en el caso del émulo pelotero de Pablo de Madalengoitia) en las pantallas, lo cual sin duda merece ser reconocido. Pero entre romperme el coco pensando quién fue el capitán del Aston Villa en el torneo inglés de 1954 y escuchar casi en trasnoche los gritos de tres conductores que al parecer tienen menos ganas de estar sentados frente a una cámara que de volar hacia algún pub de Barranco, me parece que la decisión es bastante obvia.

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