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LITERATURA

Amar es un derecho, y un deber

HISTORIAS FUNDACIONALES. LAS NOVELAS ROMÁNTICAS LATINOAMERICANAS SURGIDAS EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX EXPRESARON, A TRAVÉS DE SUS VISIONES DEL AMOR Y DE LA FORMACIÓN DE LA PAREJA, LOS IDEALES POLÍTICOS DE SU ÉPOCA. A PESAR DE SUS EVIDENTES DIFERENCIAS, ESTAS OBRAS COMPARTIERON EL IDEAL DE LA CONSTRUCCIÓN DE UN FUTURO AJENO A LAS JERARQUÍAS Y PREJUICIOS SOCIALES IMPUESTAS A NUESTROS PUEBLOS POR EL RÉGIMEN COLONIAL Y GUIADO, MÁS BIEN, POR IDEALES DEMOCRÁTICOS.

Por Doris Sommer*

Las novelas románticas van de la mano con la historia patriótica en América Latina. Despertaron, las unas en las otras, un ferviente deseo de felicidad doméstica así como proyectos de construcción nacional. Novelas y naciones se seguían como en un anillo de Moebius, donde la legitimidad estatal depende del sentimiento y la pasión responde al llamado a engendrar un país. La consigna la plasmó Alberdi, después de tanta guerra de independencia y tanta guerra civil: "Gobernar es poblar". Él y otros próceres prepararon proyectos nacionales en obras de ficción e implementaron textos fundacionales a través de campañas legislativas o militares.

Para el escritor-estadista no había claras distinciones entre el arte y las verdades, entre las proyecciones ideales y los proyectos reales. En los espacios de nuevas historias, los narradores escribían libros que se convertirían en novelas clásicas de sus respectivos países. Durante una generación a mediados del XIX --una ventanilla esperanzadora para la imaginación democrática--, los héroes románticos compartían notables rasgos físicos y sentimentales con las heroínas. Su valentía productiva dependía de ello, para crear perdurables lazos entre hombres y mujeres, figuras para sectores contrincantes. Advertimos, por ejemplo, las finísimas manos de Daniel Bello en "Amalia", la fragilidad femenina de Rafael San Luis en "Martín Rivas", y la facilidad con la que los héroes se desatan en lágrimas en todas estas novelas. Esta (con)fusión de géneros produjo también heroínas perseverantes e ingeniosas que confrontan a las autoridades, conspiran para escapar de la opresión y rescatan a sus indefensos héroes. Los amantes, igualmente admirables en virtud del romance, amenazan a lo largo de cientos de páginas sugestivamente democráticas con socavar la asimetría social, aunque al final las mujeres se someten a la voluntad de sus hombres. A pesar de ello, estos libros complicaron los supuestos hegemónicos acerca de las relaciones entre razas y géneros, tanteando una nueva consciencia en lo que respecta a los derechos humanos.

Los modelos extranjeros, tan admirados por los latinoamericanos, fueron superados o corregidos por discípulos inconformes ante los resultados de las trágicas e improductivas aventuras extramaritales. Los novelistas americanos no tardaron en encauzar las galanterías del Viejo Mundo hacia conclusiones más felices o más prometedoras. "Martín Rivas", de Alberto Blest Gana (Chile, 1862), por ejemplo, reescribe "Rojo y negro" de Stendhal al unir en matrimonio a Martín, el secretario provinciano, con la distinguida hija de un acaudalado burgués de la capital. Y "O guaraní" de José de Alencar corrige la tragedia del "Último de los mohicanos", al dejar escapar al príncipe indígena junto con su amada portuguesa. No había tiempo para coquetear con la tragedia cuando tenían ante sí la responsabilidad de engendrar nuevas naciones, como en los momentos de exaltado optimismo de la Revolución Francesa, cuando el lema rezaba "Ahora es el tiempo de procrear". Pero los padres de las naciones no podían imponérselo despóticamente a las madres, si anhelaban una prole legítimamente burguesa.

Su exitosa seducción no debe subestimarse. Entre sus logros están las repúblicas latinoamericanas. El matrimonio llegó a significar consolidación nacional, superados los conflictos regionales, económicos y partidistas. Las uniones amorosas en "Amalia" (1851) prescriben alianzas regionales; en "Martín Rivas" (1862) se unen los intereses mineros de Chile al comercio de la capital; y "El Zarco" (1888) celebra el amor incondicional de una mestiza por un héroe indio.

La variedad de familias "naturales" celebrada en los romances nacionales ofrece una gama de programas sociales, desde el racismo al abolicionismo, la nostalgia a la modernización, el libre comercio al proteccionismo. En "Amalia" la piel blanca de los amantes contrasta con la piel oscura de la masa ingobernable. "Martín Rivas" intenta mitigar las oposiciones al crear lazos legitimados por el buen manejo del dinero. Pero el intento de mitigar diferencias queda frustrado en las trágicas novelas cubanas, escritas antes de la Independencia con la esperanza de convocar ejércitos multicolores para conquistarla. Los desencuentros raciales son también la causa de la tragedia de "Aves sin nido", mientras que el color autóctono alienta esperanzas de regeneración nacional en "El Zarco" de México. Y aunque la raza no parece entrar en juego en "María", su herencia judía la condena a identificarse con los negros racialmente inasimilables.

Pareciera que la diversidad anularía cualquier estructura común, pero estas novelas y otras producen un palimpsesto erótico que nace de su proyecto común: la construcción de un futuro mediante los amantes destinados a desearse mutuamente, de manera que acaben con las riñas y jerarquías achacadas al dominio colonial y caduco.

[*] Profesora de Lenguas Romances de la Universidad de Harvard.

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