Por Miguel Ãngel Cárdenas M.
Fue un desbordado choque cultural el ocurrido entre los rÃos Yaquerana y Gálvez, al sureste de Loreto, en la frontera con Brasil. El miércoles 3 de diciembre VÃctor Suárez, coordinador ambiental de la empresa canadiense Pacific Stratus Energy, llegó al gran congreso de los matsés que se realizaba en el poblado de San José de Añushi, donde estos decÃan "clausurar" su posición contra la inminente exploración de hidrocarburos en su territorio.
Y en esta comunidad de cazadores y recolectores, Suárez expresó en voz alta que venÃa a buscar el "diálogo". Diálogo: paradójica palabra en castellano que, sin un traductor, no entendieron los ancianos apus de los 14 anexos y sus mujeres mitayas (cazadoras y guerreras) que solo vieron luego el dedo acusador de Suárez dirigido hacia Ãngel Uaqui Dunú, el lÃder comunal de 30 años, "por haberte escondido del diálogo". Era el primer encuentro con los indÃgenas luego de que el Estado le adjudicara en noviembre del 2007 a la petrolera los lotes 135 y 137 que se ubican en sus tierras comunales, de cuyos problemas informó este Diario el 14 de julio de este año.
Antes solo habÃa habido una infructuosa reunión en la mestiza ciudad de Angamos, sin presencia de los comuneros, que ahora se habÃan hecho traducir letreros adversos y acusaban a "los petroleros de empezar el contacto por anexos y no con la junta directiva para dividirnos. ¡Y no nos han consultado como manda la ley!".
DESBORDE SIN IDIOMA
VÃctor Suárez se encontraba en Angamos para hallar un local de enlace de la Pacific y fue invitado por la misma comunidad a este congreso. Antes de ingresar habÃa declarado: "Vengo a disculparme porque desde un primer momento ha habido una mala polÃtica de acercamiento. Pero ha sido la subcontratista (contratada para los estudios de impacto ambiental), no la empresa".
Entre los matsés son estrictas las normas de cortesÃa y reciprocidad (en su idioma no existe la palabra "gracias", porque el dar y recibir son obligatorios) y Suárez estaba con la boca --por no decir la pierna-- en alto. En el estrado del local comunal y en el más absoluto diálogo de sordos, recibió empujones de los lÃderes que cargaban sus lanzas de pijuallo de 2 metros, arcos y flechas, y adujo desesperado: "Creo que se opone el consejo de ancianos, pero no asà los jóvenes matsés que quieren trabajar con nosotros".
Y pidió la protección de Ãngel Uaqui Dunu, paralizado frente a sus apus airados; porque entre los matsés --no contactados hasta hace unos 40 años-- un joven les debe quieto respeto, por más que sea su representante. Daniel Vela, de la DefensorÃa del Pueblo, invitado también por la junta directiva, lo entendió y pidió que se terminara todo "porque no se dan las condiciones". Luego revelarÃa: "Cuando uno le habla a la gente del Estado de los códigos y derechos interculturales se rÃen y no le toman importancia y ya ves lo que pasa". (Vela fue testigo --justo antes de que llegara Suárez-- de inesperadas muestras de admiración. Era la primera vez en toda su historia que --interpretaron ellos-- llegaba alguien "que parece del Estado" y, conmovidos e hiperactivos, flechas en mano, le gritaban sus penurias de salud y carencias).
La situación se tornaba tan iracunda que quienes éramos de la prensa debimos escoltar a VÃctor Suárez hasta el rÃo. Pocos escuchamos el ofrecimiento de la petrolera: "Nos vamos a retirar del lote 135 en la parte en que hay un cachito que se traslapa con los territorios que ustedes le han pedido al Estado por una ampliación, ¡nos comprometemos a eso!".
HISTORIA DE DESENCUENTROS
Lo primero que sorprende al llegar a sus anexos es verlos con ropas citadinas, lo que más valoran de su contacto con Angamos, la única ciudad con la que comercian. Es que en los años 60 los matsés eran conocidos como "los calatos" hasta que misioneras del Instituto LingüÃstico de Verano llegaron a su zona endémica de malaria y hepatitis.
A 12 dÃas en balsa de Iquitos, su organización es tribal y dividida por clanes. Su fama de guerreros nómades hizo que los caucheros los temieran como a los capanahuas y su fiereza es tal que hace 9 años no entra ningún maderero a su zona. Pero su historia es trágica. En 1972, en guerra con sus parientes brasileños (los mayorunas), huyeron cerca de Requena y la ciudad, asustada, denunció una invasión extranjera. El gobierno de Velasco los bombardeó y el escándalo internacional para una dictadura que se decÃa progresista fue tal que un año después se les reconoció más de 450 mil hectáreas como territorio, el primero y más grande del Perú.
Los matsés hace 14 años le piden al Estado una ampliación de sus territorios para incluir a los nuevos anexos y la creación de una reserva comunal de 120 mil hectáreas en un bosque que según el Field Museum of Chicago tiene una riqueza singular: arena blanca en la orilla de los rÃos y las lomas, y es hogar del águila arpÃa, en peligro de extinción. Aquà se ubica el lote 137, que fue concedido a la petrolera. Hoy que Inrena ha pasado al Ministerio del Ambiente, Lelis Rivera, de la ONG Cedia, que opera en la zona de 2.500 comuneros, dice: "Antonio Brack cuando empezamos el trabajo nos felicitó, porque tiene el libro con el inventario biológico y ahora debe pronunciarse".
Daniel Vela el representante de la DefensorÃa, les afirmó que el Estado estaba obligado a responderles en 30 dÃas y no tenerlos 14 años en ascuas: "Además preguntamos en Inrena y ellos habÃan dado su visto bueno a la reserva". Todo se entrampó en los ministerios de Agricultura y EnergÃa y Minas. Y por el convenio 169 de la OIT, "el Estado debió hacer una consulta antes de cualquier resolución".
Enrique RamÃrez, gerente general de Pacific Stratus, muestra en Lima un "anecdotario" de pedidos de diálogo, "frustrados por la directiva matsé", que se ha radicalizado en un "no" sin diálogo. Y esgrime: "Reconocemos que ha habido prácticas muy contaminantes en el pasado, pero hoy la actividad petrolera está bajo la óptica de muchÃsimas organizaciones internacionales con todo el derecho... Impacto hay, lo que cambia es el manejo y la remediación de ese impacto". ¿El Estado los ha dejado solos con el problema? "Nunca te voy a decir eso, nos dio muestras de preocupación verbal y escrita... en cuanto a la eficiencia eso no lo vamos a tocar acá... Si la comunidad matsé me dice que no quieren la actividad, tendré que sentarme con Perú-Petro: 'Señores, ustedes me han dado un bloque y es la gente de la comunidad que no quiere, ¿qué hacemos?'. Pero que lo digan luego de habernos escuchado".
¿Y dónde estaba el Estado?
"Siempre estamos buscando el diálogo", dice Carlos Vives, gerente de promoción y relaciones comunitarias de Perú-Petro, que nos entregó copias de los muchos cargos pidiendo reuniones a todas las partes. Y también acusa a Ãngel Uaqui de negarse a dialogar.
Sobre el convenio 169 con la OIT afirma que en el Perú "no hay derecho a veto y el Estado es dueño de los recursos naturales del subsuelo" y que la propia OIT lo ha precisado ante un pedido de la DefensorÃa del Pueblo. Aduce que la consulta la entienden como un proceso de participación ciudadana con talleres y recolección de preocupaciones y no como un sà o no. Pero Vives afirmarÃa luego: "Si dicen que ya no, nos vamos, pues... Lo único que queremos es que nos escuchen. Tengo 33 años en este negocio y es bien difÃcil que un pueblo diga no al desarrollo. Lo que pasa es que esa gente está mal informada, hay personas que tienen intereses". ¿Pero por qué el Estado no les ha resuelto sus pedidos por más de 14 años y ha provocado que ellos de repente se enteren que ese mismo Estado "mudo " ha concedido lotes dentro de su territorio sintiéndose ninguneados y no considerados ciudadanos? "Me gusta ser sincero aunque me meta en lÃos, sabrá por qué razones no habrá salido eso, de repente hay intereses de alguien de que eso no se solucione en 20 años". ¿Intereses dentro del Estado? "No sé, lo dejo para tu evaluación". La abogada Cecilia Flores dice que Cofopri ya ha avanzado en el pedido de ampliación de nuevos anexos, pero que la solicitud de la reserva comunal no es compatible con el principio de legalidad.
Tanto Perú-Petro como la empresa Pacific Stratus Energy han reconocido que hay un problema cultural, que requiere asesorÃa de antropólogos.