Recuerdo de Carlos QuÃzpez AsÃn
Por Jorge Bernuy
La obra de Carlos QuÃzpez AsÃn se ha calificado como fundamental por el aporte que representa para la renovación del arte peruano del siglo XX. Pintor, muralista, dibujante, imprimió su sello distintivo en cada una de las disciplinas en las que incursionó. Considerado uno de los más grandes artistas contemporáneos de nuestro paÃs, retomó elementos de nuestra cultura y los reinterpretó a la luz de una lectura contemporánea.
Si miramos con detenimiento su obra, descubriremos que el gran misterio que da continuidad a sus diferentes etapas es hacer prevalecer en cada una de ellas, uno de los elementos clásicos de la pintura: la buena composición, subordinando las demás en función directa de esta prevalencia, con un radical común que es el concretismo de su mente que hace que sus cuadros no se alejen de lo real.
Artista independiente
QuÃzpez AsÃn no respondió a 'ismos' ideológicos, y si llegó a ellos fue por la búsqueda interior de su sensibilidad, por el incesante planteo de valoraciones predominantes y sumisiones conscientes, por su particular ubicación como pintor entre la generación de su hermano Alfredo y los artistas más jóvenes. Nada le fue extraño ni raro; al contrario, todo fue tradicional y nuevo para él. Nada fue desechado o estimado más allá de su profunda búsqueda.
Fue un solitario aristócrata de la belleza que a todo imponÃa calidad en los diferentes momentos de su vida creativa. Nunca fue un adocenado seguidor de teorÃas o escuelas sino un explorador de sà mismo.
Carlos QuÃzpez AsÃn Mas, nació el 15 de abril de 1900 en Lima, hijo de Jesús QuÃzpez AsÃn, natural de Ica y de MarÃa Elvira Mas Push, nacida en Tarma. Su padre fue médico de profesión y su abuelo el doctor AsÃn dueño de un criadero de toros de lidia en La Rinconada de Mala. Sus padres tuvieron cuatro hijos: Jesús, José Luis, Carlos y Alfredo. Carlos QuÃzpez AsÃn tuvo un solo hijo, Néstor, fruto de su unión con Olga Serna.
Años de formación
Desde muy niño Carlos demostró una natural inclinación por la pintura y a los 15 años decide tomar clases con el maestro Teófilo Castillo en la Quinta Heeren, luego proseguirá en la Academia Concha. La Escuela de Bellas Artes se inauguró en el año 1918 y abrió sus puertas en 1919. Ãl fue uno de los primeros alumnos en matricularse en el taller de Daniel Hernández.
En 1920 el brillante músico Alfonso de Silva, pariente de Carlos, gana una beca para estudiar en el Conservatorio de Música de Madrid y logra convencerlo para viajar juntos a España. Con algo que habÃa ahorrado y la ayuda de un tÃo parten a Europa.
Después de mil peripecias en España, QuÃzpez AsÃn se matricula en la Real Academia de San Fernando de Madrid, en el taller del maestro Cecilio Pla, de grandes dotes pedagógicas. Fue además condiscÃpulo de Salvador Dalà a quien le hizo un excelente retrato con una técnica completamente vanguardista.
El Museo del Prado en Madrid fue una gran fuente de enriquecimiento espiritual al conocer las obras de El Greco, Piero de la Francesca y Velázquez.
En 1925 decide conocer ParÃs, donde vivÃa su hermano Alfredo el cual decide cambiarse el nombre y apellido --de mutuo acuerdo con Carlos-- por el de César Moro, pues no podÃa haber dos pintores con los mismos apellidos. En ParÃs se pone en contacto con la 'avant garde' y toma interés por el cubismo, además de la obra de Cezanne, Picasso y Torres GarcÃa. Después de esta gran experiencia regresa a Madrid y realiza su primera muestra individual de pintura, con gran éxito de público y una buena acogida de la crÃtica.
Por motivos familiares se ve obligado a retornar a Lima donde el ambiente artÃstico seguÃa siendo muy pobre, por lo que se ve obligado a dar clases en su taller para subsistir. En esa época ocurre un hecho providencial: un banquero llamado Laudi le propone viajar a Estados Unidos como tutor de su hijo, el cual pretendÃa estudiar una carrera artÃstica.
Es asà como al artista se le presenta la gran oportunidad de pintar en Los Ãngeles. Esta fue una época muy fructÃfera para el maestro que, estando en plena madurez creativa a los 28 años, tendrÃa que demostrar su calidad de pintor para poder abrirse paso en el difÃcil medio del arte estadounidense. Allá desarrolló una pintura bien estructurada y con finos colores transparentes que le dan brillantez a obras como "La alegorÃa de los labradores" y "Las lavanderas" donde los contornos están enmarcados por un dibujo lineal que potencia la representación de los personajes de aspecto peruano con lÃneas simplificadas. Estos trabajos son verdaderas construcciones plásticas en las que el cuadro se sustenta en una estructura de personajes limitados por un sistema de lÃneas rectas y curvas tratadas con formas planas y esquematizadas.
De vuelta a Lima
En 1936 QuÃzpez AsÃn regresa nuevamente a Lima, ciudad que seguÃa manteniendo su pobreza cultural. Sin embargo, siguió pintando y trabajando en otros menesteres para vivir. Realizo los 7 murales al fresco de la AmazonÃa --todos destruidos-- y 3 murales en el Congreso de la República, de los que uno fue destruido y dos cubiertos con planchas de madera.
En 1943 es contratado como profesor de pintura y mural al fresco por la Escuela de Bellas Artes, donde permaneció por más de 30 años formando artistas.
A partir de los años 50 pinta un mural magistral llamado "Las Artes" y desarrolla otros como "AlegorÃa a Pomona" en mosaico, "El deporte" en relieve, "La minerÃa", "Hipócrates" y muchos más en casas particulares, demostrando con esta técnica un oficio, macizo y consistente y que era dueño de un vigor sin alardes ni ostentaciones. El maestro fue precursor del Mural al fresco en el Perú.
La edad no disminuyó su potencia creadora, como ocurre en los seres excepcionales. Pintó hasta el final de sus dÃas; falleció el 1 de abril de 1983. Su obra ha quedado como una de las manifestaciones más importantes de nuestro arte actual.