CINE
Por Antonio Fortunic*
"Las novelas siempre son mejores que las pelÃculas", es una opinión que escuchamos con mucha frecuencia. Nada más falso. Hay pelÃculas magnÃficas basadas en novelas mediocres tales como "El Padrino", escrita por Mario Puzo y dirigida por Francis Ford Coppola, o "Rebeca", escrita por Daphne du Maurier y dirigida por Alfred Hitchcock. Hay hitos del cine que están basados en best sellers como "Lo que el viento se llevó". Y hay incluso pelÃculas como "Muerte en Venecia", dirigida por Luchino Visconti, que muchos consideran superior a la novela escrita por el premio Nobel de Literatura Thomas Mann. Pero también es cierto que hay pelÃculas adaptadas de grandes novelas como "El amor en los tiempos del cólera", "Arráncame la vida" o "Ceguera" que nos pueden dejar frustrados.
El reto del guion
El primer paso para adaptar una novela es escribir el guion. Y es precisamente allà donde comienzan los problemas. La dramaturgia, tal como la conocemos en Occidente desde los tiempos de Sófocles, es la relación del personaje con la acción. Es por ello que en la mayorÃa de obras de teatro o pelÃculas lo que vemos es cómo los sucesos van modificando la manera de sentir o pensar del protagonista. El no poder contar con más de dos o tres horas de representación obliga al dramaturgo a condensar cuanto puede para tramar (tejer) esa relación. En las novelas es distinto. Al no tener lÃmites los novelistas se pueden explayar cuanto quieran e incluso hacer evolucionar a varios personajes a la vez, algo que en el cine es muy difÃcil. Por otro lado, la novela contemporánea es hija del Romanticismo y, como sabemos, esa es la cuna del psicoanálisis (ya Schopenhauer decÃa, preludiando a Freud, que toda muerte es un suicidio y todo fracaso un castigo autoimpuesto). Es por ello que en muchas novelas podemos disfrutar de largas páginas que nos describen la evolución psicológica de varios personajes mientras que en el cine debemos mostrar esa evolución solo con un par de gestos del actor. Esas limitaciones obligan a un buen guionista a hacer una poda muy severa para rescatar lo esencial de la novela. Un buen ejemplo es "El Padrino", allà Ford Coppola minimizó o desapareció las historias secundarias para centrarse en la evolución de Michael Corleone, obligando a los demás personajes a mantener la misma lÃnea sin cambiar psicológicamente. Además hizo de los lazos familiares la premisa misma de la historia, cosa que no sucedÃa en el libro. Lamentablemente en otras adaptaciones, quizá por temor al prestigio de autores como Saramago en el caso de "Ceguera", los guionistas no se toman libertades y los resultados suelen ser desalentadores.
Puesta en escena
La atmósfera e imágenes que se consigan con la puesta en escena también son fundamentales. Todos hemos recreado de una u otra manera las grandes novelas en nuestra imaginación. Por eso es tan peligroso tratar de poner en una pantalla lo que ya estuvo en la mente de los espectadores. ¿Qué actriz podrÃa representar a esa heroÃna cuya belleza y temperamento fueron imaginadas de distintas maneras por millones de lectores? ¿Cómo sumergirnos en una historia de GarcÃa Márquez representada en una Cartagena poblada de superestrellas que hablan inglés? Nuevamente, aquà todo depende del talento del creador. La genialidad de Visconti estuvo en la manera como utilizó la música de Mahler para introducirnos a "su" Venecia y borrar de golpe cualquier remanente de imagen preconcebida que pudiésemos haber llevado al cine. Se necesitan artistas (directores, actores, escenógrafos, etc.), sumamente talentosos y con una personalidad avasalladora para hacernos olvidar, recreándolas de otra manera, las emociones y aventuras que vivimos en el papel.
Diferencias y similitudes
Finalmente, es importante recordar que la literatura, como la música, se sostiene en una dimensión: el tiempo. Mientras que el cine necesita, además del tiempo, del espacio. Es por ello que los recursos y las maneras de narrar son tan distintos. Pero más allá de ello, tanto en las novelas como en las pelÃculas, la esencia es siempre la misma. Es ese transportarnos a lugares, situaciones o tiempos distintos haciéndonos vivir las vidas de otros, sentir sus emociones y compartir sus destinos, consiguiendo asà que nos olvidemos, aunque sea por un rato, de nuestras miserias cotidianas.
[*] Cineasta