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UN NIÑO VALE MÁS QUE TODO EL ORO DEL MUNDO

Incierto futuro para el puericultorio

Por Luis Bambarén. Obispo emérito de Chimbote

El Puericultorio Augusto Pérez Araníbar es patrimonio de los niños huérfanos, en extrema pobreza o en riesgo moral-material, que durante 80 años han sido acogidos en este hermoso centro.

Igual que el Gobierno reclama a Chile los valiosos documentos y libros, que se llevó al final de la Guerra del Pacífico; igual que reclama las piezas arqueológicas que se exhiben en la Universidad de Yale, lo cual está bien porque es patrimonio del Estado Peruano; de la misma manera los niños huérfanos y en extrema pobreza reclaman y defienden su patrimonio, heredado de gente buena que los miró con amor, con los ojos del corazón, bajo un bello principio: Queremos que los niños pobres y huérfanos tengan lo mismo que nuestros hijos.

Por eso fueron generosos en ofrecer espacios abiertos, jardines, piscinas... Hermosos locales para bebitos y ambientes para ofrecer educación inicial, primaria y secundaria, así como talleres para capacitación profesional. Servicios de salud, médicos y hasta un hospitalito. Cuidaron también de acogerlos con amor y ofrecerles una buena formación moral y religiosa gracias al servicio de dos congregaciones de religiosas y religiosos.

El puericultorio es una obra emblemática a favor de la niñez más necesitada. Es su patrimonio. Hoy pretenden venderlo y trasladar a los niños fuera de Lima, cerca de la playa Santa María. Parece que los promotores de la venta valoran más el dinero que a los niños pobres. Se respetan más las huacas y ruinas que el puericultorio. Se hace todo en silencio para evitar reacciones, pero el proyecto avanza. Por eso alertamos a la sociedad, a las madres pobres y a todos los amigos de la niñez que cerremos filas para su defensa.

Sacarlos fuera de Lima significa que serían los nuevos excluidos, que para ellos no hay lugar en la ciudad, que se les pretende sacar a unos arenales del sur.

El Gobierno habla mucho de inclusión y hace bien, pero sería una contradicción crear un nuevo grupo de excluidos, que son los más débiles de la sociedad porque ni siquiera tienen voz para defenderse. Se pretende hacer la ciudadela de los niños en un arenal en que no hay nada, solo arena y naturaleza muerta. Tendrían que urbanizar, llevar agua, luz... hacerlo todo.

Los niños necesitan: educación, habría que construir cunas, escuelas, colegios, talleres; salud, tendrían que trasladarlos a Lima, a cualquier hora de la noche, conseguir ambulancias y en más de una hora de viaje quizá se agrave o muera el niño. Necesitan familia, y en el nuevo local no podrían recibir la visita de sus mamás pobres que no tendrían para pagar su pasaje hasta Santa María.

El actual puericultorio cuenta con valiosas instalaciones que cubren todas las necesidades: salud, educación, diversión y calidad de vida digna. Hoy cuenta con una infraestructura excelente que recibirá el mantenimiento necesario para celebrar sus 80 años.

Quienes defendemos el actual puericultorio como patrimonio y obra emblemática de la niñez en pobreza, miseria, orfandad o abandono, elevamos nuestro clamor: un niño o una niña valen más que todo el oro del mundo. Confiamos en que el Gobierno no querrá pasar a la historia con la mácula de haber creado una nueva clase de excluidos, porque valora más los terrenos que a los niños (que ahora valen menos que los terrenos del puericultorio).

Está cerca la Navidad. Jesús nació en un pesebre porque no hubo sitio para Él en Belén. Fue el primer niño excluido por ser pobre. ¿Quieren hacer hoy lo mismo? Jesús dice: "Todo lo que hagan con uno de estos pequeños, lo hacen conmigo".

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