EL APORTE DE EDUARDO ARRARTE AL TURISMO NACIONAL
Por Carlos Neuhaus Rizo Patrón. Ex alcalde de San Isidro
Ãcaro decidió celestialmente prestar a sus cenizas unas alas mágicas. Antes, esas alas majestuosas se las habÃa dado al inglés John de Mandeville, para que relatase sus viajes por continentes de oro y pedrerÃa. Pero Mandeville no se movió de Europa. No serÃa el único, muchos se frustraron.
El prÃncipe portugués Enrique El Navegante, desde su escuela náutica de Chagres, vislumbró el Nuevo Mundo. Organizó viajes por todas las direcciones, pero se les escaparon muchos, como el genovés Cristóbal Colón, quien llegó antes.
Todos estos recuerdos acaso revolotearon en la imaginación del navegante Eduardo Arrarte, cuando decidió partir de su hogar, en Guayaquil.
Respecto de la familia Arrarte debe decirse que don Rodrigo, por ejemplo, fue de origen español y radicó mayormente en el Perú a mediados del siglo XX.
En cuanto a Eduardo tuvo una visión cósmica. Trabajó como obrero para la construcción del aeropuerto de Bartra, en las islas Galápagos, allá por 1942.
Aprendió inglés con los americanos, asà como su modo sistemático de trabajar. Vino al Perú y se enroló en dos agencias de viaje.
Saboreó aquello que ya Ortega y Gasset habÃa escrito: "El mundo y su circunstancia". Todo es distinto y fascinante. Como lector impenitente, seguÃa al maestro Arnold Tonybee en el estudio de los estados y las minúsculas sociedades. El mundo, después de la Segunda Guerra Mundial, es una suma de sociedades que por arte o caprichos fluviales u orográficos tendÃa a dividirse en regiones, microrregiones, aldeas, idiomas, etc.
Eduardo, navegante tenaz, tuvo la feliz gracia de enamorarse en Lima de Toti. Ella lleva tan amorosamente su sencillo apodo, que dejaba tras la puerta a doña Irma Fiedler. Con ella se casó en 1948 y fue el estÃmulo bondadoso, paciente y eficaz de su vida.
¿Cuándo ingresa Eduardo al campo bravo del turismo? Justamente al emplearse como purser de la empresa Panagra. Tiempo lento de los DC3. Observa todo y, sobre todo, que los turistas, en su mayorÃa estadounidenses, llegan fatigados al BolÃvar o al Crillón, algo agotados tras mil horas de vuelo.
Viene el descanso, viene el pisco sour y Eduardo se pregunta ¿qué se hace? ¿Acaso otro pisco sour los salva? Y les organiza el tour limeño caracterÃstico de los años cincuenta, o sea, sin hidróxido de carbono, con jardines; en sÃntesis, un paseo civilizado, pleno de verdor y de mar. Lima aún era bella.
¿Qué nace de estas petit tours? La empresa Lima Tours, en 1956. El éxito viene con matemática precisión.
Años después, Eduardo arriesga y construye un edificio funcionalÃsimo, que aún está ubicado en el jirón de la Unión , y aporta capital para un hotel en la avenida La Colmena, a dos pasos de la plaza San MartÃn. ¡Hay que salvar el Centro de Lima!
Eduardo, Toti y sus hijos son dueños de un concepto ecuménico del turismo. Es difÃcil ubicar un punto importante de la geografÃa mundial que hayan omitido. Hacia 1966 nos llevaron a Petrogrado y Moscú. "No dejes de tratar a Leo Mijailovich" --nos recomendó en agosto de 1966--, funcionario de turismo de origen noble.
El concepto de la cultura de Eduardo Arrarte estaba más arriba. Hablaba cinco o seis idiomas. Le puso las botas de Gulliver al turismo. En 1962 forma y lo hacen presidente de la Corporación de Agencias de Turismo de América Latina (Cotal) y más tarde de la Federación Universal de Agentes de Viaje (Fuaav).
Por encima de sus éxitos personales o corporativos, su gran esfuerzo fue la Declaración de la Unesco en 1991, en favor de Lima como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Ayudaron excelentes y cultos caballeros como Javier Pérez de Cuéllar, Alejandro Miró Quesada Garland, el arquitecto Juan Gunther, Augusto Elmore y otros. También la Municipalidad de Lima.
En sÃntesis, Eduardo Arrarte tenÃa un don sorprendente de omnipresencia divulgadora del Perú. Lima Tours, en magna tarea editorial, publicó varios libros de colección para halagar a la cultura y a la técnica, como "Arte peruano", en 1987 y en el 2006.
Dispuso Eduardo que sus cenizas floten por los mares y rÃos del mundo como una cadena de amor adherido a rocas adustas, a piritas marinas de relampagueante brillo, se adhieran al plancton que fertiliza los mares y trae riqueza al mundo que amó.