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RINCÓN DEL AUTOR

Visita para pensar

El Gobierno Peruano optó por aumentar el gasto público y buscar formas de estimular la inversión privada. Se trata de la famosa política keynesiana

Por: Richard Webb

La semana pasada, el Perú tuvo el honor de recibir a Finn Kydland, economista noruego y ganador del Premio Nobel en 2004. Vino para dictar conferencias en la asamblea anual del Consorcio de Investigación Económica y Social (CIES), pero por razones accidentales, la visita resultó a la vez oportuna e incómoda. Porque el profesor Kydland es un reconocido experto en el tema de los ciclos económicos, y su llegada coincidió precisamente con el anuncio de un vigoroso programa anticíclico por el presidente García.

Ante la amenaza de la recesión mundial, que viene tumbando a los bancos y empresas más grandes del mundo, y que empieza a impactar también en el tercer mundo -- en la China han cerrado dos de cada tres fábricas de juguetes-- el Gobierno Peruano optó por aumentar el gasto público y buscar formas de estimular la inversión privada, con la idea de compensar la inevitable caída en el empleo que sufrirán los sectores exportadores.

Se trata de la famosa política keynesiana, que postula que cuando la población gasta menos, el Gobierno debe gastar más, para que ni falte ni sobre el gasto total del país.

Comparto la opinión de los expertos, que es casi unánime a favor de esta política en las circunstancias actuales, y una mayoría de países la vienen adoptando; hasta el Fondo Monetario Internacional la recomienda, pero no el profesor Kydland.

La teoría de Kydland es que lo que más favorece a un país, a la larga, es la consistencia de su política. A mayor estabilidad de las reglas de juego, más inversión: la credibilidad de las autoridades es vital para el inversionista.

Como ejemplo, cita el caso de Irlanda, que redujo el Impuesto a la Renta a solo 12,5% en 1981 y prometió la estabilidad tributaria. Los inversionistas creyeron en el Gobierno Irlandés y el Gobierno cumplió, y empezó un extraordinario período de muy alta inversión y crecimiento dinámico. De ser uno de los países más pobres de Europa, Irlanda pasó a ser el segundo más rico.

Por contraste, dijo Kydland, la Argentina sería un ejemplo de lo nefasta que resulta la inconsistencia.

Con discreción escandinava, Kydland se abstuvo de opinar sobre el programa anticíclico peruano, pero su mera presencia nos recuerda que todo cambio en las líneas maestras de la política económica, si bien nos permiten esquivar un bache, también generan dudas acerca de las políticas futuras.

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