PROTOCOLOS DE NAVIDAD
Por: Fernando Vivas. Periodista
A estas alturas de la historia, todo el mundo sabe que la Navidad es el nacimiento de Jesús y un infierno para muchos. Saben, si son informados, que por estas fechas la tasa de suicidios aumenta, que el estrés escala, que el consumismo llega a la cima dejando a su paso muertos y heridos financieros. Hasta nuestra Superintendencia de Banca y Seguros y AFP ha recomendado al público cuidarse de la fiebre navideña y ha hecho este juicio salomónico: aprovecha tu gratificación para ponerte al dÃa con el banco, pero no saques otro crédito. Infocorp no regala perdones.
Los cristianos son mis aliados, asà que no los ofendo si la cargo contra los Papá Noeles y lucecitas intermitentes que pueblan su efemérides. ¡Son señales de peligro! ¡Vade retro! La Navidad se ha convertido en una fiesta fenicia y el bosque de pinos titilantes impide ver el pesebre donde está por nacer el Dios de los humildes. Ãl no pide regalos, solo quiere que amemos al prójimo. Un abrazo, una comunión en familia, un panetón compartido con un menesteroso, valen más que una razia por el 'mall' para comprar a los chicos sus juguetes de temporada, de paso que los convertimos en monstritos materialistas y pedigüeños.
Pero no quiero ser hipócrita. Mis motivos no son espirituales. Sucede que la paz con el mundo que tanto me cuesta mantener hasta noviembre se altera en diciembre. Una legión aviesa y sonriente para colmo de 'cachita' se cree con el derecho a decidir que tengo que oÃr villancicos, que tengo que decorar mi casa, que tengo que 'stockearme' de regalos.
Por eso, creo que hemos llegado a la hora de tener protocolos y códigos de ética navideños, y quién sabe si con el tiempo hasta una legislación navideña. Ejemplos: No organices el jueguito del 'amigo secreto' al que obligas a sembrar fruslerÃas a escondidas (a lo sumo, haz un mero intercambio de regalos y sin forzar la participación de nadie); no ilumines tu cuadra como casino de Las Vegas sin consultar al vecindario; nunca oigas a los Toribianitos si no es en tu iPod y con audÃfonos.
Sin embargo, hay un argumento socioeconómico que puede derrotar al Grinch que llevo dentro. Quienes recibimos 'grati' tenemos un plus que el sistema nos pide gastar en el mercado. Es un mecanismo redistributivo en pro del comercio y, también, de la PEA subempleada que cachuelea en estas fiestas. Y no me pongo radical antisistema porque no pienso renunciar a ese derecho. Que sean felices.