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RINCÓN DEL AUTOR

¿Por nuestro bien?

¿Cómo así decidirán si debe eliminarse el voto preferencial? Si se quiere fortalecer a los partidos, ¿por qué el precio es que perdamos un derecho?

Por: Beatriz Boza

"Que el médico decida. Total, él sabe". Por muchos años, el conocimiento de los médicos les ha dado poder absoluto para diagnosticar, pronosticar y decidir respecto del mejor tratamiento para el paciente. Eso ha cambiado y así lo entendió Armando Zolezzi. Le recomendaban cirugía. Él no quiso. Intentó con distintos tratamientos e incluso participó en algunos experimentales. No quería que le cortasen las cuerdas vocales, pues era profesor y necesitaba poder hablar en clase. Finalmente, accedió a la operación y aprendió a hablar por el esófago.

Fueron más de diez años luchando contra el cáncer, siempre orando y dando ejemplo de lo que él consideraba importante. En vez de optar por tratamientos más invasivos, prefirió poder estar con sus amigos, tomarse su whisky, jugar bridge y gozar con su Annie. Eso era para él calidad de vida. El principio del consentimiento informado obliga al médico a educar al paciente sobre sus opciones y a dejar que este decida lo que más le conviene. Puede aconsejar, pero no expropiarle la decisión al paciente.

El poder del paciente de decidir no solo ha sido una de las transformaciones más importantes en el ejercicio de la medicina en el siglo pasado, sino en general en muchos otros campos de la vida en sociedad.

En la economía, por ejemplo, se postula cada vez más que sea el consumidor -- y no un funcionario público a través de normas técnicas-- quien decida la calidad de los productos ofertados en el mercado. A diferencia del pasado, ya no son los padres sino los propios niños quienes hacen valer su voz respecto de cómo se visten, qué les gusta y qué quieren hacer.

Del médico al paciente, de los funcionarios al consumidor, de los padres a los hijos pequeños y en el caso de los partidos políticos, el poder también ha pasado de los partidos al elector. El voto preferencial es una evidencia de ello.

Utilizado por primera vez en las elecciones para la Constituyente de 1978, en las que Víctor Raúl Haya de la Torre obtuvo más de un millón de las preferencias electorales, el voto preferencial hace que seamos los ciudadanos los que decidamos quiénes nos representan en el Congreso.

Hoy, después de treinta años de tener este derecho ciudadano, nuestros parlamentarios decidirán si debe eliminarse de nuestro sistema electoral. ¿Cómo así? Si se quiere fortalecer a los partidos, ¿por qué el precio es que perdamos un derecho?

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