Por Jorge Barraza. Periodista
Es domingo de mañana. Cuando los lectores tengan el periódico en sus manos posiblemente Manchester United esté celebrando en Tokio su título de campeón mundial de clubes. Para entonces ya habrá vencido en la final al dignísimo Liga Deportiva Universitaria, de Quito. Lo dijo el planeta: Liga no puede triunfar de ninguna manera; el impresionante poderío del club más rico del universo se devorará la modestia ecuatoriana. En el análisis se apelaba, sobre todo, a la diferencia de mentalidad y de calidad de un conjunto inglés en relación con uno ecuatoriano. Es factible y razonable. Las casas de apuestas de Europa pagaban 5 euros por un triunfo de Liga contra 1,50 el del United, tal es era favoritismo del equipo de Ferguson.
La columna, de todos modos, se escribió antes de saberse el resultado, a sabiendas de que su destino editorial puede ser el cesto de los papeles. Con el riesgo de una goleada en contra. Modestamente, pusimos unas fichas a Liga. No todos nuestros ahorros, sí unos esperanzados boletos a las patas de un caballo noble y ligero oriundo de Ecuador. Y aún en la derrota, estaremos felices de haberle apostado.
Esto es fútbol, el único deporte donde todo puede suceder. Y sucede puntualmente. Vale recrear la célebre anécdota del Mundial de 1950, cuando el enfrentamiento entre Inglaterra, autodenominada primera potencia futbolística, y Estados Unidos, donde no se tenía una idea clara de si el fútbol era un deporte acuático o se jugaba con raqueta. Los muchachos americanos eran todos aficionados. Venció EE.UU. 1-0 con gol de un inmigrante haitiano, Joseph Gaetjens, que era estudiante de contabilidad y ganaba su pan como lavaplatos. Cuando el cronista de la agencia UPI mandó el cablegrama a la central de Londres y el receptor leyó el resultado: "USA 1 - England 0", su flema no se inmutó. Envió otro respondiendo: "Resultado erróneo, enviar de nuevo". Era sencillamente increíble. Es, aún hoy, la sorpresa más grande de la historia de este juego.
Pero Liga no es "USA". Es mucho más que un conjunto de universitarios. Por si alguien abrigaba alguna duda, ésta ha quedado disipada: el cuadro quiteño no fue a Japón a comprar kimonos. Ni a disfrutar de los pasajes y la estadía que proporciona FIFA. No es un viaje de placer. Placer es ver en acción a este auténtico EQUIPO. Honra esta palabra.
La bella maquinaria blanca (por esta vez, negra) tardó apenas 26 minutos en destrozar las ilusiones del magnífico Pachuca, tricampeón de la Concacaf 2002-2007-2008, titular de la Copa Sudamericana 2006 y nítido dominador del fútbol mexicano en los últimos años (5 estrellas desde 1999 a la fecha). Siempre con la misma sólida base, y con el notable liderazgo de Chaco Giménez, cada día más jugador de toda la cancha, increíble que no tenga una chance en la Selección Argentina o que México no se haya decidido a nacionalizarlo.
Inspiradísimo, hábil y preciso Damián Manso; pícaro, veloz y agresivo Luis Bolaños. Son la bandera del fútbol picante y ofensivo de Liga. Cada vez que la bola pasa por ellos se intuye algo trascendente. Los rodea y ampara un grupo con fantástica determinación. Liga es un canto al fútbol vertical, profundo y contundente. En tres toques está en el área rival con pases veloces y una actitud ambiciosa. Que Pachuca ejerciera la posesión del balón el 65% del tiempo significa que el cuadro quiteño también fue eficiente en defensa. Los mexicanos machacaron ante un muro: impecables los cuatro del fondo.
Que se sepa: fuera de Ecuador, nadie daba dos reales por Liga. Unos porque, con toda razón, apuntaban como candidato al excelente conjunto mexicano. Otros porque subestiman a este equipo que exhibió la misma personalidad con la cual ganó la Libertadores en el propio Maracaná. "El partido será difícil, duro y complicado. Ellos juegan bien al fútbol", opinó Carlos Tevez. No se equivoca: juegan bien, son veloces, astutos y tienen personalidad estos ecuatorianos (tres titulares y el técnico son argentinos; Navia, delantero suplente es chileno).
Es el último partido en Liga del entrenador Edgardo Bauza. ¡Qué pena! Realmente ha cincelado una espléndida pieza de orfebrería. Este club prestigia al fútbol ecuatoriano, que sigue avanzando. Ya no destaca solamente la Selección, el brillo también reluce a nivel de club. Y ha defendido la rica historia del fútbol sudamericano.
Con oficio de plomero, Bauza supo tapar los terribles agujeros dejados por el paraguayo Vera y Joffre Guerrón, transferidos al América de México y al Getafe.
La pregunta que hasta hace cuatro días nadie se hacía, pasó luego de boca en boca: ¿podrá esta Liga vencer al ilustrísimo y poderoso Manchester United.? Era difícil, naturalmente, pero con estos muchachos ligueros siempre se puede soñar.
Ellos pueden responder con una frase que el Maestro Tábarez utiliza para Uruguay: "Para nosotros ningún partido es fácil; y ninguno es imposible".