Todas las cifras son superlativas en Navidad. Se consume el 60% de todo el pavo que se vende durante un año, las ventas de perfumes crecen en un 30%, la de electrodomésticos en un porcentaje similar, la compra de ropa de multiplica, la gente hace cola en los centros comerciales, los taxis duplican sus tarifas, los que no pagan viajan colgados en los buses. La gente consume mucho, pero gasta aun más.
Pero las cifras crecen no solo en la dirección del consumo. Con estas fechas llegan también los robos, los accidentes de tránsito, la presión familiar, las consultas por depresión y el incremento de los créditos bancarios. La gente paga con dinero que no tiene.
Las encuestas nos dicen que más del 70% de las personas celebra en familia la Navidad. Este año de crisis financiera internacional, estas fechas deben promover una sana reflexión sobre el galopante y desmesurado consumismo.
En ese camino, el Gobierno --acorralado por la crisis financiera que amenaza golpearnos el 2009-- ha recomendado a los peruanos no asumir una deuda que quizás más tarde no podrán pagar. ¿Haremos caso?