TURISMO GASTRONÓMICO. Nada de carne
El año pasado lo dedicamos a la República Checa. Esta vez queremos darle una mirada a tradiciones tan lejanas como las polacas.
En primer lugar, la cena debería empezar con la aparición de la primera estrella, es decir, alrededor de las 17.00 horas. La mesa se viste de gala: obligatoriamente se pone mantel blanco almidonado y a veces debajo se colocan trocitos de paja para recordar la cuna del Niño Jesús. Siempre se prevé un cubierto de más, para estar preparado a recibir a un invitado inesperado.
La cena de Nochebuena está compuesta por doce platos entre entradas, sopas, platos principales y postres. Obligatoriamente hay que servir pescado (carpa y arenque es lo más tradicional), seguido de sopas siempre hechas solo de verdura. La más tradicional es el caldo de remolacha con empanadillas rellenas de setas o sopa de setas servida como consomé sin fideos.
Entre los potajes que preceden al plato principal destacan los pierogi, empanadillas polacas rellenas, según la región, de pasta de queso blanco, patata cocida y cebolla o con relleno de setas y choucrut (col fermentada).
Ya para el desayuno hacen su aparición los embutidos, acompañados de diferentes tipos de pan y salsa de rábano picante o cwikla (salsa de rábano picante y remolacha). Los embutidos polacos tienen muy buena fama en Europa Central: jamones, patés y salchichas llamadas en polaco kielbasa, siendo la más popular la kielbasa krakowska (salchichón de Cracovia) o kabanosy (finas salchichas de cerdo).