La TBC mató a su vecina. Juró que en su barrio nadie más moriría de hambre. Creó un comedor popular y colideró todos los de Lima Metropolitana. Por ella, hoy decenas de mujeres hacen empresa
Por Antonio Orjeda
Un Día de la Madre, el comedor popular que Luzmila Abad creó en 1987 ganó el derecho a tener una panificadora por cinco años. Con sus compañeras, la puso a trabajar. En año y medio la compró. En vista de que aún no vencía el plazo del préstamo de la máquina, exigió que otro comedor sea beneficiado, pero con una condición: que tal como ellas lo hicieron, este produzca y venda panes hasta hacerla suya. Así, una nueva panificadora podría llegar a un nuevo comedor popular.
Luzmila ha generado un efecto en cadena, pero sabe que no todas se van a comprometer como ella. Eso no le baja las pilas. Eso es imposible, pues antes de ser una líder barrial, la vida la puso a prueba mil veces.
Llegó a Lima a los 13 años y, entre otras tareas, trabajó como empleada del hogar.
Trabajaba en las vacaciones, para juntar plata para mis zapatos, mi uniforme y mis útiles escolares.
Ya laboraba desde antes.
Claro, ¡desde chiquita trabajé con mi papá en la chacra (en el caserío de Jatuspata, Huancavelica)!
Terminó el colegio en Lima, ¿por qué regresó a su pueblo?
Sentí que en Lima no tenía oportunidad. Yo quería estudiar (en una universidad), pero tenía que prepararme en una academia.
Su hermano la animó a seguir estudiando. Él la apoyó y usted ingresó a La Cantuta.
Pero gastaba en pasajes, comida... y como allí estudias todo el día, ¡no podía trabajar! Le conté a una amiga, me dijo que en San Marcos sí podría estudiar y trabajar, así que postulé e ingresé. Me iba muy bien, pero perdí esa oportunidad por mi mala cabeza: me casé y dejé la universidad.
Aún no había sido parte de la invasión en Canto Grande.
No, eso fue en el quinto ciclo.
¿De qué vivía en esos días?
Trabajaba como empleada, en una casa cerca de San Marcos.
Estaba soltera.
Claro, y en 1984 dejé el trabajo. Era mi oportunidad de tener casa.
Antes de ello había alfabetizado a mujeres en Canto Grande.
Lo hacía cuando había huelgas en San Marcos, y como seguía Educación, organizamos a las mujeres de los asentamientos humanos de San Juan de Lurigancho.
Conoció la realidad del distrito.
Así empecé mi vida social, hice el comedor popular...
La muerte de una vecina fue determinante para ello.
Sí. Todas vivíamos en chocitas, y la vecina había estado con tuberculosis. Falleció y dejó varios niños pequeños, y yo me prometí: "Nadie más va a morir acá porque le falte comida". Convoqué a una asamblea y propuse a las mujeres hacer un comedor.
Su trabajo comunitario quizá fue inspirado por su vida en el campo, viendo a sus padres y vecinos practicar el ayni.
Yo creo que si nací solidaria es porque lo heredé de mis padres. Allá, entre todos, hacíamos todo.
Hoy, gracias a una idea suya...
Muchas mujeres tienen la oportunidad que tuve yo, ¡y han puesto sus panaderías! La unión hace la fuerza. Por eso, nos agrupamos. Yo sola no habría podido.
¿Cómo decidió dar ese paso?
En una reunión con dirigentas antiguas. Queríamos aprender de ellas. "¿En diez años de trabajo dirigencial, qué has logrado?", esa fue nuestra pregunta. ¡Queríamos que nos motivaran! Pero las encontramos viviendo en una pobreza terrible, con hijos desnutridos... Verlas fue el motivo para dar el salto.
No querían eso para ustedes.
¡No era justo! ¿Tanta lucha para terminar así? En una asamblea tratamos el problema y dijimos: "Tenemos que generar nuestros propios puestos de trabajo". Ahí nació la idea de hacer una panadería y de pedirle a las monjas de Cáritas ser sus proveedoras. Felizmente nos dijeron que sí.
Hasta entonces a ningún comedor popular en el Perú se le había ocurrido dar el siguiente paso.
Fuimos las promotoras. Hoy esa idea es replicada en todo el país.
Y a usted la han invitado al extranjero para que cuente sobre esta experiencia de solidaridad.
¡Por supuesto que sí!
LA FICHA
Nombre: Luzmila Abad Ramos.
Colegio: Empezó en Tayacaja, Huancavelica. Terminó en Fe y Alegría, en Lima.
Edad: 50 años.
Cargo: Gerenta general de Comercial Chavelly.
LA EMPRESA
Comercial Chavelly
Panadería que, junto con cuatro compañeras y un préstamo de 500 dólares, Luzmila abrió en 1996. El primer día produjo 500 panes. Hoy provee de 33.000 panes diarios solo al penal de Lurigancho.