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Una saludable diversidad

LOS GRANDES DISCOS DEL 2008 APARECIERON EN LAS CIUDADES DE TRES CONTINENTES DISTINTOS, ASÍ COMO EN DIFERENTES PUNTOS DEL ESPECTRO MUSICAL CONTEMPORÁNEO, LO CUAL DEMUESTRA NUEVAMENTE QUE EN LA VARIEDAD ESTÁ EL GUSTO

Por Francisco Melgar Wong

Fuera de sus casillas
En su tercera entrega, los TV on the Radio no se repiten nunca, no se parecen a nada, no aburren a nadie y suenan como si hubieran encapsulado todo el espectro de la música contemporánea en un disco de una hora y veinte minutos de duración. Por supuesto, las influencias resplandecen y tintinean al interior de cada tema, pero la originalidad con la que han sido tratadas anula cualquier intento de encasillar esta música llena de magia y misterio. Cuando un solo de saxo de reminiscencias 'free' empieza a despegar, no tarda en aparecer una capa de redobles electrónicos que lo convierte en un riff de afrobeat, que segundos después ya es una guitarra digna del Bowie de "Scary Monsters" o una caja de ritmos tipo Grandmaster Flash and the Furious Five. Y es que "Dear Science" es un catalizador de la música de los últimos 50 años, cuyos controles son disputados por dos antagonistas enfrascados en un duelo mortal que, para el bien de la música, y mientras dura el disco, no termina de resolverse.

Bellos y perdidos
"Midnight Boom" es un amenazante y seductor recordatorio de la vida que deberíamos llevar, según el 'evangelio' de nuestros padres fundadores, es decir, de Iggy Pop, Lou Reed, Eazy-E y Dr. Dre. Y es que en este disco de The Kills encontramos la imaginería autodestructiva del blues, el arrebato del rock and roll y la mecánica de modernidad desmantelada que nos legó el hip hop más agresivo. El resultado es un disco sexy, autodestructivo y, por supuesto, tan irresistible como Kate Moss, la conocida 'top model' que por estos días sale con Alison Mosshart, el guitarrista de la banda. Canciones como "U.R.A. Fever", "Cheap and Cheerful", "Last Day of Magic" y "Hook and Line" son el combustible perfecto para salir en una noche sin destino fijo, pero con una sola cosa en la mente. Y no me pregunten cuál. Más bien, agradezcamos a The Kills.

La guerra de los sexos
En su disco más reciente Rodney Crowell examina las relaciones sentimentales en los últimos años de la era capitalista. A lo largo de las 11 canciones que incluye este álbum, la leyenda de Nashville coloca bajo la lupa tanto a hombres como a mujeres y los observa con repulsión y misericordia, y a la vez con distancia y empatía. En un tema llamado "The Rise and Fall of Intelligent Design" ("El apogeo y la caída del diseño inteligente") Crowell analiza la miopía emocional de su sexo al imaginarse bajo la piel de una mujer: "Si me concedieran un deseo, solo por una hora, me gustaría ser una mujer y sentir ese poder fantasmal. Podría quedarme así hasta que rompieran mi corazón, entonces podría ver si soy un hombre o solo un mal chiste". Una placa como para tener en cuenta.

Indie rock en 3D
El disco debut de este septeto galés resultó un vendaval de aire fresco en el circuito del rock independiente. Para empezar, la banda privilegió instrumentos inusuales para un combo de punk-folk rock: Aleksandra toca el corno, Gareth el glockenspiel y Harriet el violín. Así, la paleta sonora añade novedad a las estructuras (a menudo) convencionales de las canciones. La interpretación de los temas también resulta provocadora: por un lado está Gareth, quien puede pasar del susurro inquisidor a jubilosos estallidos de alegría; por otro está Aleksandra, quien en un patrón de llamada y respuesta, contesta a las líneas de Gareth con sentimientos opuestos, lo que enriquece las letras de los temas. Esta mezcla de instrumentos, voces y sentimientos funciona porque las canciones de Los Campesinos suelen ir de la alegría a la tristeza, del júbilo a la melancolía, de la aceptación a la ira en cuestión de segundos. Extraña virtud en un mundo de frecuente unidimensionalidad musical.

El apocalipsis del hip hop
Crisis económica, guerras por pozos de petróleo, sociedades de megaconsumo, estados genocidas, adoración ciega por las celebridades de moda, calentamiento global Este año, varios músicos trataron de hablar acerca de las plagas del mundo moderno (desde Juanes hasta Portishead), pero nadie lo hizo con el humor negro y el realismo necesario para abordar el asunto como The Roots en su último disco, cuyo título puede traducirse como "Volando hacia el suelo". En la canción que da nombre a la placa, el Black Thought nos dice: "Entre los gases verdes la Tierra se sale de órbita, desastres naturales, hay 80 grados en Alaska, creo que tendrás graves problemas si no te apellidas Onassis". Las cosas no mejoran en el transcurso del disco, donde negros, blancos, judíos y árabes son acusados de vender su alma por un poco de dinero.

Los señores del mal
El primer disco de The Gutter Twins (anticipado dúo formado por Greg Dulli y Mark Lanegan, ex cantantes de The Afghan Whigs y Screaming Trees, respectivamente) nos trae canciones basadas en el blues del delta, el rock de los años setenta, la psicodelia más ominosa y algunos tonos electrónicos que dan al disco un perfil amenazadoramente contemporáneo. Aquellos que se han dado una vuelta por el lado oscuro de la vida saben bien que cuando el diablo toma posesión de nuestra alma no hay nada mejor que dejarse llevar. Este disco es para ellos. Para muestra un botón: "Todo lo que quieres está oculto en la oscuridad. Ahora es mejor que caminemos sobre el fuego". Veamos, ¿quién está listo para iniciar un viaje sin regreso al lado de estos señores de la oscuridad?

Cantar su vida
Después de recuperarse de una hepatitis C que casi lo lleva a la tumba, Alejandro Escovedo edita "Real Animal", un disco en el que recupera y combina todas las facetas musicales de su historia (punk rock, roots y glam rock, por nombrar solo algunas) para relatarnos su vida: desde las playas californianas de su adolescencia hasta los narcóticos baños del Chelsea Hotel de su despreocupada madurez. La producción corre a cargo de Tony Visconti, el hombre detrás de los mejores discos de Bowie, T. Rex y Thin Lizzy. Digámoslo claro: "Real Animal" no es solo uno de los mejores discos del año, sino también de la década. Así como lo oye. Cómprelo mientras pueda.

Sincretismo en Senegal
Bautizada con el nombre del club senegalés, donde debutó a comienzos de los años setenta, la Orchestra Baobab es una verdadera institución de la música africana. Comandados por el guitarrista autodidacta Barthelemy Attiso, el saxofonista Baro N'Diaye y el incomparable cantante griot Laye Mboup, la banda empezó interpretando la música cubana que llegaba hasta Senegal cruzando el Atlántico (guajira, son), aunque no pasó mucho tiempo para que se empezaran a incluir los cantos griot que narraban las tradiciones de su región y ciertos coros basados en armonías provenientes de Togo y Marruecos. El resultado fue una mezcla excepcional de estilos musicales que alcanza su máximo esplendor en este disco. Una verdadera obra maestra.

Fantática fiesta
Dos hermanos, cinco amigos, dos chicas, tres chicos, dos negros, tres blancos, un bajo, una guitarra, una batería, dos teclados, tres voces. La poliforme formación de Black Kids nos recuerda a bandas como Sly & the Family Stone y Prince and the Revolution no solo en la mezcla sexual y racial que despliegan en el escenario, sino también en las noches de fiesta que generan a través de sus canciones repletas de historias de sexo y excesos juveniles, poco antes o poco después de perder la inocencia.

Euforia lisérgica
Una sección rítmica que prefiere ignorar el metal y el punk (¡buenas noticias!) para tomar prestadas las vibraciones de Ringo Starr a través de algunos efectos electrónicos. Una voz que prefiere borrar las pistas de John Lennon y Paul McCartney para subir el volumen de los agudos coros de George Harrison. Una sucesión de efectos atmosféricos dignos del "Dark Side of the Moon", pero colocados estratégicamente sobre algunos 'beats' de Kool and the Gang y Chic. Finalmente, la frase de Pete Townshend: "Espero morir antes de llegar a viejo", pronunciada luego de un buen sorbo de una taza de San Pedro o floripondio. Si este es el futuro de la música, pronto veremos cómo Marcahuasi aparece flotando en el mar de La Herradura y la Luna se transforma en una bola de espejos. Oh, sí.

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