TARJETA ROSA
Por Chiara Roggero
Cuando les conté a Álvaro y a Enrique que tendría una columna semanal en el suplemento deportivo de El Comercio no pudieron (ni quisieron) esconder las carcajadas burlonas. "Pero, Chiara, ¿qué sabes tú de deportes?", decía uno mientras movía las manos como un argentino huachafo. "Mejor por qué no escribes sobre química molecular o sobre pastelería alemana, fácil en eso te va mejor", continuaba el otro con sarcasmo. Y entonces, entre burlas y chanzas, entendí que escribir esta columna iba a ser más complicado de lo que yo pensaba. No solo iba a tener que convencerme a mí misma de poder hacerlo, sino a todos los hombres que creen que una mujer no es apta para opinar sobre deportes ni mucho menos para escribir sobre ellos.Yo no estoy acá para demostrarle al mundo que las mujeres lo podemos todo (no tengo un pelo de feminista), pero tampoco pienso desaprovechar la oportunidad de escribir sobre algo que me encanta (los deportes) porque unos cuantos papanatas (entre ellos, mis dos mejores amigos) creen que no lo podré hacer; así que, a pesar de todo, he decidido escribir. Procuraré no hacerme la sabelotodo (para eso están los otros columnistas) pero no pienso esconder lo que sé y lo que pienso. Y si a pesar de mi intento siguen unos cuantos burlándose de mí, no me preocuparé tanto: ya habrá una mujer que se burle de ellos. Más bien espero servirles de ejemplo para que sus mujeres entiendan que es real y factible que una chica puede disfrutar de un buen domingo de fútbol o de una reñida pelea de boxeo. Por lo pronto, espero que me den la bienvenida a este club tan selecto sin obligarme a ponerme una faldita minúscula o a usar pompones ridículos, porque la verdad no lo pienso hacer.