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PUNTO DE VISTA

¿Cuál es la verdad?

Por Óscar Ugarteche. Economista*

A mediados de los años 80 los economistas estadounidenses y británicos llegaron al consenso que el mercado era la solución para asegurar la optimización del manejo económico, la estabilidad en el crecimiento y, sobre todo, la racionalidad del aparato económico. Para lograrlo había que minimizar la acción del Estado en la economía, esencialmente privatizando los servicios públicos, liberalizando las cuentas de capital, desregulando al sector financiero y el mercado de trabajo y, sobre todo, creando la conciencia ciudadana de que todo tiene un precio. La perfección del mercado sería la solución a las imperfecciones y distorsiones existentes.

El costo de introducir esta visión de la economía fue la dislocación social, el desempleo, el estancamiento económico durante un período de más de una década y sobre todo la construcción de valores sociales donde todo vale, todo se vende y todo se compra, con lo que de eso puede derivarse. El mercado manda y lo demás no importa.

A partir de mediados de los años 90, primero en México y luego en otras partes del mundo, se produjeron crisis financieras cuando agentes en el mercado internacional ingresaban a apostar en contra de una moneda. Esto producía corridas cambiarias y crisis bancarias, típicas crisis de dos cañones. Invariablemente, el Estado intervino para rescatar a los bancos en cada uno de estos países de una forma o de otra, lo que trasnacionalizó aun más los sistemas financieros y bancarios.

De pronto en octubre del 2007 se desató la peor crisis financiera en la historia y se inició lo que será un proceso de cuatro años de descenso en los principales índices bursátiles y en los principales indicadores económicos de Estados Unidos, país de donde emergieron los economistas que recomendaron las políticas antes mencionadas. Los precios de los valores comenzaron a desplomarse y, entre otros, el sistema hipotecario de dicho país colapsó. Junto con él se fue la banca de inversión, dejando en su estela en la calle a jubilados, huérfanos y en la miseria a otrora gente muy rica.

De pronto el Estado regresó a la economía en EE.UU. y en Gran Bretaña y comenzó a comprar acciones de bancos para evitar su quiebra, a darles créditos de largo plazo, a comprarles las carteras hipotecarias, y más recientemente a poner a fondo perdido dinero para rescatar a la industria automotriz.

Es evidente que el mercado no se autorregula. Esta crisis financiera ha mostrado los excesos que se pueden cometer en nombre de la autorregulación y de la ausencia del Estado. El escándalo Madoff, por pequeño que sea en términos relativos, es una expresión de esto. La falta de monitoreo público global y la falta de seguros públicos globales que impidieran retiros intempestivos de las bolsas de valores alrededor del mundo llevó a una semana de gran turbulencia cambiaria entre el 6 y el 10 de octubre.

Parece, pues, que el mercado no es perfecto. ¿Y ahora qué hacemos? Feliz 2009.

* INSTITUTO DE INVESTIGACIONES ECONÓMICAS DE LA UNAM

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