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NOSOTROS

Compañeros de clase

¿Escribir sobre emprendedores también nos puede motivar a serlo? Los redactores de este suplemento toman la palabra.

Julio Escalante
En el 2004 comencé a escribir sobre pequeña empresa para este Diario. Tenía poquísima experiencia pero era el más joven de los redactores de Economía y por eso estaba dispuesto a caminar de Villa el Salvador a Gamarra. Desde entonces he buscado al empresario que hace las cosas diferentes o tiene más de una experiencia de la que se puede aprender. En estas conversaciones encontré también un modo personal de escribir, simple y directo como si le contara todas estas historias a mi padre, y me convencí de que la economía no se entiende desde un escritorio sino desde pequeños talleres o tiendas, donde personas, que son líderes de su destino, sin esperar nada de bancos ni gobiernos, sí han creado trabajo para más peruanos.

Mayra Castillo
Aprender. Quizá ese sea el verbo que mejor califica mi estadía en Mi Negocio. Sea por su juventud, su tenacidad o su innovación, cada empresario que he entrevistado me enseñó algo más que sus montos de facturación, su crecimiento anual y sus quiméricas proyecciones. Ellos me demostraron que una situación económica adversa impulsa más sueños que la prosperidad. Que sobrevivir no basta para dejar el cartel de emprendedor y volverse empresario. Que el dinero no es para acumularse sino para reinvertirlo. Que las buenas ideas dan miedo pero que, con el tiempo, dan satisfacción. Resumiendo: me enseñaron que aprender es una empresa de tiempo completo. Espero seguir encontrando a más como ellos.

Vanessa Antúnez
Cien semanas atrás no sabía que un padre de familia había elaborado un jugo de kiwicha para alimentar mejor a su hijo. El néctar pegó tan bien entre sus vecinos que decidió venderlo en serio, con el nombre de Kiwifresh. Cuando busqué a Ricardo Ramos, él ya vendía en Arequipa y alrededores. Me contó su historia, pero también me transmitió su capacidad de creer y de actuar. Le había prometido a su padre ser grande y lo estaba logrando. Lo increíble de Mi Negocio es que en una semana cualquiera me puede enseñar algo realmente sorprendente que luego puedo llevar al papel. Cada historia de pronto se convierte en una lección que, con suerte, nos puede ayudar a crecer (y creer).

Iana Málaga
Hace exactamente un año y un mes salí de la universidad con una idea en la cabeza: quería dedicarme a contar historias. Por eso no dudé cuando meses más tarde me llegó la oportunidad de trabajar en Mi Negocio. ¿Y qué he aprendido en todo este tiempo? Pues que para sacar adelante un nuevo proyecto se necesita dinero. Lo irónico del asunto es que varios de mis entrevistados más exitosos me han contado que no tenían un centavo --ni respaldo financiero-- cuando decidieron formar su empresa. De ellos he aprendido que, así como en la vida, en el mundo de los negocios uno es dueño de su propia historia. Y cuando uno está convencido de que su idea es buena y hace lo posible por concretarla, el dinero llega por su propia cuenta.

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