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ENTREVISTA. MARTHA MIFFLIN

La clásica voz de la radio

BAJO SU BATUTA, RADIO ARMONÍA HA CUMPLIDO 25 AÑOS. LEJOS ESTÁN LOS TIEMPOS SIN UNA LICENCIA PROPIA. HOY, PEGANDO EL SALTO TECNOLÓGICO, HA HECHO REALIDAD EL SUEÑO DE TRANSPORTARNOS AL MET DE NUEVA YORK

Por Enrique Planas

En su casona barranquina, al subir las escaleras que comunican la amplia sala de recepción con las cabinas de la radio Filarmonía, uno puede encontrar una serie de históricos afiches en los que se celebra su primer aniversario, el segundo, el tercero, la primera década, y así. El 1 de enero la empresa ha cumplido 25 años, y al orgullo típico de quienes celebran bodas de plata, se suma la satisfacción de trabajadores que sienten cada año cumplido como una batalla ganada.

"Nunca sabemos qué pasará el año siguiente", confiesa Martha Mifflin, directora de la radio. "Imagino que las empresas comunes hacen un plan de trabajo por tres o cinco años, pero eso es difícil para nosotros. No podemos calcular los montos que llegarán a la radio a través del auspicio de la empresa privada. Pero sí tenemos una idea de cómo enfrentaremos el próximo año, sabemos también qué conciertos extraordinarios haremos o los discos y los libros que tenemos que vender para hacer caja y cerrar el año en azul", explica.

¿Cree que la crisis económica afectará la radio?
Ya empezamos a sentirla. El 24 de diciembre, una gran empresa petrolera nos decía por correo electrónico que cancelaban el convenio. Les devolví el correo agradeciéndoles por todo un año de apoyo. Estamos muy agradecidos a las empresas que nos apoyan en las buenas y en las malas épocas. Entendemos que cada una tenga sus crisis internas.

¿Dónde estaba usted hace 25 años?
Trabajando en mi programa de radio, Musiciana, en radio Del Pacífico, la última radio comercial en la que trabajé. Ese programa pasó por diferentes emisoras a lo largo de diez años. Comenzó en radio Selecta, luego en radio Unión y, finalmente, en radio Del Pacífico.

¿Qué le hizo emprender la aventura de tener una radio?
Se lo debemos a Álvaro Llona. Yo ya tenía trabajando una hora al día en radios que no estaban dedicadas a la música clásica. Mi programa era un lunarcito dentro de la programación general. Con Álvaro habíamos visitado algunas emisoras del extranjero y sabíamos cómo hacer una programación de 16 o 18 horas. Solo nos faltaba el empuje inicial. Álvaro juntó a un grupo de amigos, entre ellos a Luis García Miró, uno de los veinte fundadores de la Asociación Cultural Filarmonía. Lucho se encontró poco después con su tío Alejandro Miró Quesada y le informó que se había formado una asociación sin fines de lucro con el objeto de montar una radio. El primer paso era ir al Ministerio de Transportes para solicitar la licencia y la frecuencia, además de adquirir los equipos. Entonces Alejandro Miró Quesada dijo: "Para qué ir al ministerio?, ¿para qué comprar equipos? ¡Yo tengo todo!". Efectivamente, él era propietario de radio El Sol y el ministerio acababa de adjudicarle la frecuencia modulada, que la tenía sin trabajar. ¡Habíamos llegado en el instante preciso! En los 25 años de la radio, siempre las cosas se han dado así. Firmamos un convenio con Alejandro y seis meses más tarde, un 1 de enero, salió radio Sol Armonía. El nombre, algo exótico, se dio porque en esos meses, mientras afinábamos el convenio con Alejandro Miró Quesada, él quería que la nueva señal se llamara radio El Sol F.M. y nosotros queríamos radio Filarmonía F.M. Para no discutir, quedó Sol Armonía...

¿Recuerda alguna anécdota en aquella inauguración?
Lo que puedo decirte es, remontándonos a esa época, que resultaría difícil comenzar ahora a impulsar una emisora como la que hicimos. Entonces no teníamos ningún ente parecido del cual aprender. No teníamos referentes, salvo lo que habíamos visto fuera. Todo se aprendió en el camino, sobre la marcha, haciendo. Sabía qué música queríamos transmitir, pero nada sobre el manejo de una emisora.

¿Qué tan especial es trabajar en una cabina de radio?
Es una sensación extraña, porque te sientes dentro de un clóset y piensas que deben ser dos o tres personas las que te están escuchando. No la imaginas como una gran masa de gente. Hoy por la mañana he tenido un programa en vivo e inmediatamente tuvimos la respuesta del público; eso es algo que me toca. ¡La gente considera la radio como suya! Cuando era chica, gracias a radio Selecta aprendí a escuchar Carmina Burana, o todas las sonatas de piano de Beethoven. Eso es lo que yo espero entregar a la gente a través de esta radio.

Cuando habla ante el micrófono, ¿no imagina un rostro para sus oyentes?
Pienso en gente profesional, o jubilada, mayor. No porque yo me lo imagine, sino porque recibo sus propias noticias en los consultorios, en los estudios de arquitectos...

Los taxistas son también una buena forma de su público...
Te cuento: salíamos del teatro Segura y tomamos un taxi, y el chofer escuchaba radio Filarmonía. Me senté atrás, con Álvaro (Llona) y al escuchar la radio sentía que estaba en mi propio carro. Cuando le dijeron que yo estaba sentada detrás de él, el señor me mira y me dice: "¡Usted no es la señora Mifflin!". Otra anécdota: un día tuve que ir al Congreso para asistir a una moción a mediodía. De regreso, salí con todos mis papeles en la mano, y paré un taxi. Dentro del auto, el taxista me mira y me dice: "Cómo le fue hoy en el Congreso, señora Cuculiza". No --respondí--, no soy la señora Cuculiza. "Ah, entonces es la señora Mifflin", añadió. ¡Era un gran conocedor de la radio!

EL MET EN LIMA
Sin duda, escuchar en vivo por la radio la temporada de ópera del Metropolitan de Nueva York, y ahora proyectada en alta definición en el UVK de Larcomar es un gran esfuerzo de Filarmonía. ¿Cómo se dio esta posibilidad?
Gracias a Juan Diego Flórez. Juan Diego terminó una función de ópera en el MET y fue a cenar con sus directivos. Una de las funcionarias le dijo: "Qué lástima que en tu país no te escuchen. Me imagino que no hay ninguna emisora interesada". "¡Qué ocurrencia!", respondió él. A las 11 de la noche, me llamó Miguel Molinari con el recado de Juan Diego, y me preguntó si me interesaba transmitir por radio la temporada del Metropolitan. Al día siguiente estábamos hablando con el MET y un mes después firmábamos el convenio. Y las transmisiones en alta definición es el resultado de una nueva técnica desarrollada hace tres años por el nuevo gerente del MET, Peter Gelb. Cuando vio que el público estaba fallándole al Metropolitan, pensó que debían acercarse a él, y así lo hizo: colocó una pantalla gigante en Times Square, jaló sus equipos y transmitió la ópera. El éxito fue impresionante. Primero llevó su programación a tres salitas de cine en Nueva York. De allí saltó a los diferentes estados. Ahora somos 900 mil personas las que vemos en vivo los estrenos del MET. Yo leía estas noticias y lamentaba que eso no se pudiera hacer en el Perú por la inversión económica que exigían los equipos de alta definición. Luego me enteré de que Puerto Rico fue el primer país que entraba al sistema HD, y los llamé inmediatamente para preguntarles qué hicieron. Me dijeron que les había costado 90 mil dólares. ¡De dónde sacábamos ese dinero!, pensaba desanimada. Poco después entró México y luego Argentina. Entonces conocimos a Mónica Ubillúz, de Cines UVK, y ella nos dijo sí a todo. Entendió la idea en un minuto. Trajeron un sistema de sonido de Inglaterra, sin escatimar en nada. Este es el tercer año en que el MET realiza estas transmisiones, y el primero en el Perú. De las 22 óperas del programa de transmisiones por radio, ellos han escogido 11. Algún día pondrán las 22, y todos los sábados podremos escuchar y ver la ópera. Con 16 cámaras dispuestas, puedes verlo todo: el 'backstage', cómo se preparan, cómo se cambian el vestuario, las entrevistas fuera del escenario. ¡Te sientes dentro de la sala del Metropolitan! El público limeño en la sala del UVK Larcomar, con capacidad para 200 personas, siente la misma emoción que puedes sentir allá. He visto la sala explotar en aplausos. Es impresionante.

Es curioso, no suele aplaudirse en un cine...
Así es de espontáneo. Es una cosa emocionante.

Y pensando en el vigésimo sexto aniversario, ¿cuáles son los proyectos pendientes?
El gran tema que no hemos podido manejar es llegar a todo el país. Subir al satélite y bajar a provincias es algo que tenemos que hacer. Tenemos todo el conocimiento, pero nos falla la parte económica. Por otro lado, los dos últimos años han sido muy fuertes para nosotros en el sentido del cambio de tecnología. Hace siete años, cuando llegamos a esta casa con nuestra frecuencia, trabajábamos como al principio, manualmente. Las cintas magnetofónicas, el caset, la locución por un lado y el disco por otro... ¡Era un loquerío! Hasta que llegaron los jóvenes graduados del Instituto Orson Welles y nos pusieron todo patas arriba. Ahora nuestra tecnología actual no tiene nada que ver con lo que teníamos hace unos años.

EL DATO
Un pedido para el Estado
Para Martha Mifflin, quien sabe lo fundamental que resulta el apoyo privado para mantener a flote una empresa como radio Filarmonía, es imprescindible que el Estado promulgue una ley de fundaciones que otorgue beneficios tributarios a las empresas que financien las fundaciones e instituciones del campo cultural. Solo así se garantizaría el funcionamiento de todo emprendimiento privado en el sector de la cultura y del patrimonio en el país.

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