LA SEMANA QUE PASÓ
Por Pedro Ortiz Bisso
Aunque Ney Guerrero ha reconocido que la cárcel es una marca indeleble que lo perseguirá por el resto de su vida, es improbable que la Magaly Medina que veamos a partir de mañana sea distinta a aquella que se mostraba desafiante, aun en el instante mismo de trasponer la puerta principal del penal de Chorrillos el 16 de octubre del año pasado.
Traicionar al personaje que tantos años le ha costado construir, supuesto justiciero socarrón de la farándula criolla --aunque dueño de una moralina que envidiarían nuestras abuelitas-- le ha traído un indiscutible éxito mediático y económico que la tiene atada de pies y cabeza. Fue por ello que su abogado, César Nakazaki, insistió hasta el último momento en presentar recursos con la intención de variar la pena de carcelería, sin intentar alguna admisión de culpa que seguramente hubiera acortado significativamente sus días en prisión. Reconocer desde la cárcel que no tuvo las pruebas suficientes para afirmar que Paolo Guerrero cometió una inconducta antes de un partido con la selección nacional habría sido un signo de debilidad devastador que hubiera quebrado su imagen de infalible comisaria farandulera.
Distinto hubiese sido si lo hacía antes de su sentencia. Permanentemente los periodistas recibimos denuncias contra diversos personajes que no llegan a publicarse por la sencilla razón de que no hay manera de probarlas fehacientemente. Y eso fue lo que ocurrió, pese a quien le pese, con el delantero del Hamburgo alemán.
Así como la presencia de Laura Bozzo no invalida el 'talk-show' como género, sobran las maneras de realizar programas de espectáculos, sin que ello signifique hacer de la ética un chicle maleable al gusto del cliente, que permita acusaciones sin pruebas o incursiones abusivas en la vida privada de la gente
¿Tendremos en adelante una Magaly autorregulada y más reflexiva? Ojalá. Aunque es difícil que ella, y su público, lo permitan.