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DERECHO

¿Percepciones, alucinaciones o realidad de la justicia?

SISTEMA DISFUNCIONAL. LA CRISIS DE LA ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA EN NUESTRO PAÍS RECLAMA MEDIDAS URGENTES QUE ATAÑAN NO SOLO A ABOGADOS Y MAGISTRADOS, SINO TAMBIÉN A LA SOCIEDAD CIVIL.

Por Roberto G. Maclean Ugarteche

Es un privilegio haber vivido experiencias variadas e inusuales. De la información que recogemos modelamos conocimientos, quizás entendimiento y una gota de sabiduría. ¿Cómo vivir una experiencia para aprovecharla y percibir nuestra realidad? Si se trata de justicia y leyes, dicen los abogados más curtidos que, cuanto más años litigan, su experiencia, conocimientos y entendimiento son mayores. Más aun, si ganaron esos litigios. En un mundo de abstracciones este argumento podría tener algún sentido, pero no en el mundo real.

Apariencias engañosas
Considerando que los magistrados judiciales conocen un mayor número de casos que cualquier abogado, y tomando en cuenta que una sala de la Corte Suprema no puede analizar más de veinte casos cada día, durante cinco días de la semana, cada mes. Tenemos que el total no puede ser mayor a cien por semana, cuatrocientos por mes, es decir cuatro mil ochocientos casos por año.

Si un magistrado lograse permanecer en su cargo por diez años (pasando por alto vacaciones, enfermedades, ratificación por el CNM, respuesta a cada una de las acusaciones en su contra y otras eventualidades), el total de casos que habrá conocido no alcanzaría, digamos, a cincuenta mil en números redondos. Número muy modesto y poco significativo como experiencia frente al problema de una carga judicial estimada en dos millones y medio de casos. Su privilegiada experiencia y conocimientos sobre la realidad, representaría apenas la cincuentava fracción de esta, y habría percibido solo el 2% del problema.

Si tomamos en cuenta que los conflictos de la población informal no llegan a la justicia y representan --en promedio-- entre un 60% a 70% de la fuerza laboral, y en consecuencia del problema actual de la justicia; este magistrado solo percibiría el 0,6% de los problemas de justicia de la comunidad. Si para compensar esta reducida experiencia buscamos la necesaria para percibir el total de la realidad, esto requeriría una experiencia igual a la de 200 magistrados o --de no haber suficientes de estos funcionarios-- de un número aún mayor de abogados que --a ojo de buen cubero-- debería ser de entre 1.500 y 2.000.

Porque la experiencia de los abogados es, por su naturaleza, más reducida; más angosta por el tipo de su clientela y, por supuesto, más propensa a incurrir en opiniones frágiles y poco serias profesionalmente.

Un ejemplo puede ser la opinión de un experimentado, exitoso y brillante jurista, expresada en una entrevista ofrecida a un diario local: "La reforma judicial no puede ser llevada a cabo por los jueces, porque (sic) me lo ha dicho un experto norteamericano".

Ciudadanos sin voz
Superando estos disparates y sandeces, si reuniésemos mentalmente en un evento a 200 magistrados y a 2.000 abogados con experiencia equivalente (un número mayor al que participa en el proyecto Ceriajus, por ejemplo) las conclusiones representarían apenas las de una de las partes del problema: los proveedores e intermediarios interesados del cuestionado servicio.

Intermediarios que ejercen un oligopolio sin control, y por tanto sus intereses están en juego, en entredicho, en conflicto inclusive con los intereses de los usuarios del servicio que son, nada más y nada menos, que la inmensa mayoría ciudadana, cuya voz llegó al evento solo vía los labios de los abogados que la representaron (como si la justicia fuera una cuestión de abogados).

Esto significa que este extraordinario evento imaginario, que logró reunir a 2.500 talentos extraordinarios (de una realidad que afecta a 30 millones de personas), presentará sus conclusiones sobre la realidad y ofrecerá una solución basada en haber captado y reflexionado sobre apenas el 0,00125% de esa realidad y sus problemas. Y, además, a partir de una interpretación única: la de ellos.

¿Todo en los libros?
Bueno, dirán, para eso está la ciencia jurídica. Una obra jurídica de mil páginas y mil quinientas citas de autores tiene --con cautela-- un promedio de solo doscientas páginas. El estudio de investigación (al ritmo estándar de diez páginas por hora) representaría veinte horas de trabajo por cada libro. Esto significa que, a tiempo completo de diez horas diarias, y no solo cinco días, sino seis por semana, al investigador le tomaría dos días estudiar cada libro, y seis de cada semana para completar solamente tres libros. Manteniendo este ritmo, en un año completaría 180 libros. En cinco años, habría estudiado, con seriedad, 900 libros, y en ocho años 1,540 libros de autores más sus citas; tiempo que podría incluir también el ordenamiento de las 1.500 fichas de citas y de la redacción final del texto.

Aun así, el impresionante número de estas citas no igualaría el equivalente de 2.500 juristas, cuyas experiencias solo alcanzaron a cubrir el 0,00125% de la realidad. En cuanto a los autores extranjeros, a juzgar por los resultados reales de su recepción en la comunidad, son percepciones de otra realidad que científicamente y para propósitos prácticos tienen validez cuestionable y muy ineficiente.

Las citas de autores nacionales serían réplicas de lo que ya analizó y resolvió la imaginaria reunión de 2.500 juristas que, en suma, reflejó apenas el 0,6 % de nuestra realidad perceptible.

Solución simple
Pero aún con todo lo desesperada e imposible que parece esta situación, la salida es increíblemente fácil y natural. Basta abrirse a un diálogo serio, profesional, con la modesta valentía de cualquier animal para usar las herramientas a su alcance, cuando intenta vadear una corriente dudosa, comer un fruto inalcanzable, o sobrevivir otro invierno más.

Un par de ramas cuaternarias y cuentos infantiles útiles son: el intercambio eficiente y concreto de instintos animales en cualquier grupo, manada o bandada específicos; y las piedras que, tras varios aparentes fracasos, fueron los indicadores de referencia para que Pulgarcito encontrara el camino de retorno. Y el ejercicio resulta, además, divertido y agradable para quien le gusten los niños y animales.

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