ANÁLISIS POLÍTICO
Por Diana Seminario Marón
Cada nuevo año suele ser el momento para analizar perspectivas y oportunidades y la política no se escapa de esto. Antes de que terminara el 2008, y cuando el Gabinete que preside Yehude Simon asumió el mando, el presidente Alan García le tomó el juramento en base a tres retos que vale la pena recordar, porque siguen siendo actuales.
Aquel 10 de octubre, el presidente García instó al flamante primer ministro a jurar por "Defender a nuestro país de la dramática crisis internacional que lo amenaza, luchar activamente y preventivamente contra la amenaza de la corrupción y librar a nuestro Gobierno y a nuestro país de ese fantasma" y, en tercer término, a "luchar por la erradicación y la disminución de la pobreza ".
Sobre la crisis internacional, se presentó un plan para enfrentarla, según el cual el Gobierno debía ejecutar 10 mil millones de soles. Si bien la reacción del Ejecutivo merece ser tomada en cuenta, sin el adecuado seguimiento, este plan morirá en las trabas burocráticas o en manos de malos funcionarios.
La segunda meta fue la lucha contra la corrupción, que parece no encontrar su cauce. Seguimos con una contraloría acéfala por demoras que más parece obedecen a designios políticos que a evaluaciones técnicas y, lamentablemente, el Plan Nacional de Lucha contra la Corrupción quedó en el recuerdo el día de su lanzamiento. Lo dijimos y lo reiteramos: la lucha contra la corrupción es una cuestión de personas, de conciencia y de actitud.
Finalmente, se juró por la erradicación de la pobreza y acabamos de ver un último intento: el Módulo Perú Crecer, que no es otra cosa que implementar Crecer en 15 distritos de Lima y Callao. ¿Acaso esa estrategia no se había iniciado ya en algunas zonas de la capital? Los esfuerzos son importantes, pero no han de ser improvisados y parece que este último lo es, pues no cuenta con la aprobación del Ministerio de Economía y Finanzas. Es necesario entender que ya no estamos para experimentos.