Durante las últimas semanas oímos en todas partes reclamos por la baja del precio de los combustibles. Las autoridades deberían aprovechar esta situación para asignar un fondo dentro de los impuestos al diésel y a la gasolina para la mejora de la infraestructura, la educación vial y el desarrollo del transporte masivo de calidad para la población. Estas ideas se han aplicado con éxito en otros países. Los que manejamos contribuimos a la contaminación del ambiente y al caos vehicular, así que podemos sacrificar unos centavos para tener una ciudad más limpia y ordenada beneficiando a quienes están menos protegidos, o sea los transeúntes. De paso así nos preparamos para afrontar futuras crisis del petróleo.
Por otro lado, el Gobierno no debería bajar la guardia en su política de incentivar el gas natural vehicular. Bajemos los precios de los combustibles, pero con inteligencia. No pensemos en el corto plazo como siempre.
CÉSAR A. SARRIA
DNI 10004280