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RINCÓN DEL AUTOR

El papel de Magaly

Magaly Medina se erige como la fiscal y muestra su largo dedo acusador. Si en algún momento entendimos su papel como transgresor, nos equivocamos

Por: Abelardo Sánchez León

Magaly Medina desempeña un papel conservador en nuestra sociedad: se encarga de ampayar al ciudadano que sale de casa y no va directo a su oficina. Se ha convertido en la guardiana de la vida de interiores, porque apenas el ciudadano pone un pie en la calle le puede caer con todo el peso de la moral que su programa televisivo fomenta. Quizá por eso es que goza de tanta popularidad entre el amplio público, tiene el respaldo de las autoridades y su encarcelamiento causó una enorme e inusitada desazón.

Max Weber y Gore Vidal lo han explicado claramente: el capitalismo tiene como interés fundamental la producción y en su esquema el hogar es la garantía de que esa premisa se cumpla. Se debe trabajar en la fábrica y descansar en el hogar. El hogar es el sitio donde se reponen las fuerzas: garantiza que el trabajador irá a la fábrica al día siguiente. El hogar propicia la reproducción, el ahorro, respalda la tarjeta de crédito y orienta la proyección financiera. Lo que suceda fuera de sus paredes amenaza su organización y no favorece la producción. En ese marco, Magaly Medina se erige como la fiscal y muestra su largo dedo acusador. Si en algún momento entendimos su papel como transgresor, nos equivocamos: ella defiende el orden establecido de las arraigadas costumbres familiares.

Entre sus víctimas aparecen, curiosamente, varios futbolistas. El impacto mediático de sus ampayes, en ese rubro, es significativo, pues establece una correlación directa entre malos resultados y mala conducta. Sin embargo, podríamos proponer otro ángulo de análisis: dado que hay malos resultados deportivos, la mejor manera de levantar el alicaído negocio del fútbol es a través de la relación que se establece entre escándalos y ampayes. A mayor escándalo, mayor negocio. Pero he allí la contradicción: su programa fomenta los valores clásicos del hogar, pero vive a costa de las personas que los transgreden. Varios jugadores han debido cobrar sus regalías, pues no solo han contribuido a que obtenga más ráting, sino que su conducta, fuera del hogar, consolida los valores familiares.

En algunos de sus programas ha cuestionado a nuestros políticos, convirtiéndose en una especie de Savonarola. Pero el espacio público no es su especialidad. Ella prefiere recorrer el sendero sutil que se adentra en lo privado para mostrar sus dientes en caso de habernos descarriado; en la concepción puritana, divertirnos en algo desvinculado del trabajo.

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