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En el limbo de las apuestas presidenciables

Por: Juan Paredes Castro

No solo tres de cada cinco políticos presidenciables ya empiezan a disputar un imaginario sitio en un inexistente partidor electoral, sino que también tres de cada cinco de ellos niegan públicamente que esa sea su intención.

Sin embargo, paradójicamente no hay uno capaz de descartar, desde el fondo de su alma, su carrera por la máxima magistratura del país.

No nos extrañemos entonces que Alejandro Toledo haya vuelto cada vez más cíclico e intenso su retorno a Lima y haya parado bien las orejas en dirección del ruido opositor. El problema es que alguien que proviene de su mismo partido y de las entrañas de su ex gobierno, como Pedro Pablo Kuczysnki, esté dispuesto a probar más posibilidades que suerte por el poder y no precisamente sirviendo de abresurcos o de pararrayos de nadie.

Si en verdad esto ha incomodado y sumido en silencio a Perú Posible, habría algo para este partido menos tolerante: que Alejandro Toledo pudiera ceder en algún momento a la tentación de una alianza con el PPC de Lourdes Flores. Ello dependería, claro está, de la distancia que definitivamente ella adopte de los dos proyectos en juego de Luis Castañeda: el de su candidatura presidencial y el de su reelección en la alcaldía provincial de Lima.

Castañeda, por su parte, quiere tener el control de ambos proyectos en un solo puño. Es más: aunque por ahora su relación con el Gobierno se ha tornado áspera por la intromisión del presidente Alan García en tareas municipales distritales que competen a su fuero y del primer ministro Yehude Simon en otras igualmente municipales vinculadas a la lucha contra la pobreza, el alcalde metropolitano sabe que puede sacarle rédito político a esta pelea en dos frentes, sin perder en el mediano plazo la perspectiva de constituir la carta presidencial propicia que el Apra no podría negarse a apoyar el 2011.

Recuérdese que García y Simon tampoco han salido a jugar alegremente muy cerca de la arena electoral. El primero, indirectamente, en busca de recuperar popularidad del lado de alcaldes a los que Castañeda no puede auxiliar presupuestalmente y sí el Gobierno Central. El segundo porque no ha abandonado sus aspiraciones presidenciales y es consciente de lo que puede ganar o perder en una confrontación con el burgomaestre limeño.

Finalmente Ollanta Humala y Keiko Fujimori ignoran que un maduro debate de ideas y propuestas democráticas podría arruinar el nicho antisistema que ambos, confiadamente, pretenden explotar.

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