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EDITORIAL

Gobiernos locales, el primer peldaño de la democracia

La reunión entre el presidente de la República, Alan García, y 18 alcaldes distritales de Lima ha sido positiva. Entre otras cosas, ha servido para comprometer el apoyo económico del Poder Ejecutivo a los gobiernos locales para que realicen más obras viales y de infraestructura, pero también para destacar el papel fundamental de las municipalidades en el sistema democrático.

La coyuntura de la cumbre del APEC, que puso a nuestro país en la vitrina mundial, motivó una mayor coordinación entre el Gobierno nacional y los locales que realmente cambió el rostro de Lima. Por supuesto que el desempeño no fue uniforme y se trataba de obras de mediana envergadura, pero en general la mayoría de alcaldes cumplió con ejecutar el presupuesto en sus jurisdicciones.

El reto ahora es aprovechar esta fructífera experiencia para continuar con la transferencia de funciones y de recursos a las municipalidades, dentro del proceso de descentralización y desarrollo nacional que el país necesita y reclama.

Los gobiernos locales son el primer peldaño del sistema democrático y, en tal condición, conocen mejor el modo de pensar y las necesidades de los vecinos, por lo que están en mejor capacidad de servirlos. La elección del alcalde y los regidores se convierte así en un canal básico para la democracia participativa y representativa, aunque todavía falta hacer algunos ajustes al marco legal para levantar la valla de votación y reforzar la legitimidad de los elegidos.

En tal escenario, las autoridades locales pueden desempeñar labores de apoyo social, prevención de desastres (son parte de Defensa Civil) y serenazgo, como ya lo vienen haciendo. Pero también se les podría delegar de una manera más consistente funciones de educación, así como de detección y resolución de conflictos sociales, además de otras tareas relacionadas con la seguridad y el control policial del tránsito.

Finalmente, entonces, no se trata simplemente de premiar y otorgar recursos a los concejos de modo circunstancial y por supuesto merecido, sino principalmente de reforzar e institucionalizar aun más su presencia en la estructura del Estado, con lo que se conseguirá el doble objetivo de promover la democracia y servir mejor a los vecinos.

Ello debe llevar a reconsiderar la asignación de presupuestos, en vista de que los ingresos de las municipalidades no son homogéneos, y están sujetos a factores cambiantes como el canon .

La premisa básica es que el Estado es uno solo y dentro de él es exigible una estrecha coordinación del Poder Ejecutivo con los gobiernos regionales y locales, con criterios de eficiencia, búsqueda del bien común pero sin afectar o avasallar las autonomías respectivas.

Los alcaldes, por su parte, están obligados a mejorar su capacidad de elaborar proyectos de factibilidad para ejecutar mejor sus presupuestos y evitar la corrupción. A los ciudadanos, en tanto, les corresponde formarse para elegir bien y fiscalizar la labor de sus autoridades cercanas o lejanas. La democracia es un proceso que demanda la permanente participación tanto de mayorías como minorías en todas sus instancias y procesos.

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