Por Enrique Planas
Pocos rostros tan expresivos y conmovedores como el de la actriz María Falconetti en el clásico de Carl Theodor Dreyer "La pasión de Juana de Arco" (1928). En un primerísimo plano, en la mirada de la heroína francesa podíamos ver acumulado todo el sufrimiento de la Guerra de los Cien Años.
Ahora Falconetti se ubica al centro de la galería de retratos compuesta por Miguel Aguirre, uno de los más interesantes artistas plásticos de su generación. Él recuerda claramente la primera vez que vio la cinta en un ciclo proyectado en la Alianza Francesa, con piano incluido como en las históricas funciones de cine mudo. Su memoria guarda con celo aquel primer plano constante a lo largo de todo el metraje, y cómo el rostro de la actriz va cambiando a medida que avanza el inquisitorial proceso judicial que terminó condenándola a la hoguera por herejía. "En los últimos momentos, la transformación es completa: el pelo mal cortado, luego rapada tras haber perdido toda esperanza de salvación. El de la Falconetti quizá sea el más bello primer plano de un rostro que se ha visto nunca", recuerda el pintor limeño radicado actualmente en Barcelona.
Este recuerdo marca el origen de "Biopic", la muestra de retratos inaugurada ayer en la galería Lucía de la Puente (paseo Sáenz Peña 206-A, Barranco). En 18 óleos de pequeño formato sobre papel podemos encontrar también primeros planos de Greta Garbo como Mata Hari, de Elizabeth Taylor como Cleopatra o de Ben Kingsley como Gandhi. Aguirre ha investigado seriamente cómo podemos actualizar un género pictórico tan clásico como el histórico para un mundo de crímenes y violencia, registrado por las imágenes de los medios. Ello le permite tener la base conceptual para vincularse con el cine, una obsesión dentro de su compleja obra. "Me gusta partir del cine para terminar en la pintura, en este caso, en un género tan clásico como el retrato, pero con las características modernas del encuadre cinematográfico", señala el artista, quien se centra en el retrato de memorables actores caracterizados como personajes históricos. Todos tienen en común una muerte trágica o haber causado dramáticos genocidios. Lúcidos pretextos para pensar un mundo en permanente zozobra.