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EXPOSICIÓN "MANUAL DE CUENTOS"

Recuerdos que van y vienen

MAFE GARCÍA INAUGURA SU TERCERA INDIVIDUAL EN LA GALERÍA FÓRUM LA ARTISTA INDAGA EN LO VIVIDO PONIÉNDOSE EN CONTACTO CON SU LADO MÁS INFANTIL

Por Alberto Revoredo

Aunque aparecen vocablos en algunas de sus obras, el "Manual de cuentos" de Mafe García se caracteriza por cobijar historias sin palabras. Relatos visuales cargados de intrincadas composiciones, de las que apenas podemos conjeturar algunos conceptos. Los símbolos que incorpora, sin embargo, nos son tan familiares que el primer reflejo al entrar en contacto con su trabajo se acerca más a una inexplicable y nostálgica sonrisa, que a una condenatoria fruncida de cejas. Quizá esa sea la mejor señal de que estamos ante algo que nos concierne.

Es una narración muy personal, está claro, pero como en todas, podemos encontrar algún elemento con el cual nos identificamos. En una sociedad de libretas militares y documentos de identidad quién no conserva alguna antigua fotografía tamaño carnet en blanco y negro. De esa pequeña imagen, contenida entre el pulgar y el índice, Mafe dispara dos líneas en el tiempo.

La que va para atrás amontona los más íntimos recuerdos de infancia, los buenos y los no tan buenos: fragmentos de muñecas, cucarachas y grillos. De crecer con muchas mujeres a su alrededor, con visos de moralidad, pautas de buena conducta, y con miles de llaves pero pocas puertas de verdad. En una suerte de tina, boca arriba, parece rememorar líquidos amnióticos, sumergida en sosegados baños de agua turbia, de donde brotan fisgones ojos para develar su sexualidad. Al final de este capítulo podemos ver al hada del bosque enfrentar las fauces de una voraz doctrina. Y aunque en apariencia es aprisionada y obligada vestir un manto ajeno (cortesía del negro humor de García), el lúdico candado que la contiene nos hace inferir que todo es un juego y que las apariencias engañan.

Y pese a que hay un ineludible tufo crítico, Mafe se apresura a decir que este trabajo habla tan solo de una historia: la suya; y que no ha preparado la muestra como un ejercicio juicioso, sino como una aventura introspectiva que se sirve del psicoanálisis. El manejo artístico por capas que les ha inferido a las obras refuerza acertadamente su propuesta.

La otra flecha, la que apunta hacia adelante, nos presenta a su madre y a su padre. A su esposo y a sus hijos. El apartado final de este manual de cuentos nos muestra un nuevo ser, una artista transformada, que ha echado raíces y que ha renacido con el rostro carmesí. Su cuerpo, en posición fetal, toma la forma de un corazón que bombea todo con flujos de apertura y se apresta a escribir un nuevo capítulo.

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